Cumpleaños, ¿feriados?

Feriados

Hace unos años, ocupaba un cargo intermedio de dirección, tuve unas palabras con un joven subordinado, muy buen trabajador, que me pidió el día, pues era el cumpleaños de su hija.

Rectifico, no lo pidió; me comunicó que no iba a trabajar. Y no era el primer añito o los 15, fechas que casi siempre van acompañadas de celebraciones que conllevan preparación, sino otro cualquiera. 

Había notado que algunos compañeros se tomaban el día libre cuando su cumple coincidía con uno laborable. Pero no era solo el suyo, también el de la hi­ja, el de la esposa y ¡vaya usted a saber si no querría faltar a cada uno de los de su familia completa! 

Después, como por castigo, recurrentemente he vivido la experiencia con mi hijo, quien cree que cuando se cumple años no hay que ir a la escuela. 

Las discusiones van y vienen anualmente en casa en los días previos a la festividad del adolescente, que da­ría para abogado. Menudo trabajo me ha costado no solo que asista a la escuela, sino que entienda que los cumpleaños no son feriados.

Sus argumentos se basan en que es un día trascendental, una jornada para mimarse a uno mismo, para levantarse tarde y celebrar, hasta que todo el mundo falta en la ocasión. Como siempre, termino diciéndole que a mí “no me importa todo el mundo, sino él”.

Pero sí es para preocuparse “por todo el mundo” el hecho de que cada vez haya más personas que den por sentado en nuestra sociedad que ese día no se va a la escuela, ni se trabaja.

No estoy en contra de la idea de que la fecha se considere es­pecial, pero, ¡se imaginan si todos se ausentaran! En Cuba, por ejemplo, sacando una media sin tener en cuenta otras variables (solo la población total del país) cumplen años a diario casi 31 000 personas.

Descontando a quienes no están en edad escolar o laboral, todavía serían decenas de miles sin aprender, producir, servir o aportar en esa jornada. Y uno podría pensar: ¡no es para tanto!, pero es que todos los días es el cumpleaños de alguien.  

No existe en nuestro Código de Trabajo o en otro en el mundo artículo alguno que fije al cumpleaños como no laborable, aunque tras una búsqueda en Internet sí hay defensores de la postura de que sea feriado, alegando que sería una inversión en motivación.

También hay empresas que incluyen cláusulas que permiten a los trabajadores tomar el día libre y ser re­munerados. Pero no pasan de iniciativas muy locales.

Los que somos mayorcitos recordamos los cumple en la escuela con todo el grupo, o hasta la escuela entera si lo descubrían en el matutino, cantando “feliz cumpleaños”. Y en las becas eran permitidas otras sorpresas y cuando menos lo esperabas te es­pantaban un cu­bo de agua y se formaba la fiesta.

No creo que se necesite cambiar el Código del Tra­bajo o los reglamentos escolares para regular qué de­ben hacer empleadores y trabajadores, educadores y estudiantes. Cada situación me­rece su propio análisis y decisión puntual.

Cuando en un aniversario cerrado el regalo que nos hacen es un pasadía en un hotel, cuando se nos reúne la familia que hace rato no vemos o la niña cumple 15, qué jefe o qué maestro no lo entendería. Igual, qué tiene de malo que ese día el trabajador se vaya más temprano o que un “pica cake” desordene un poco el aula o la oficina.

Pero no es lo mismo cuando se da por sentado, sin mediar una situación especial y el permiso correspondiente por adelantado. Eso es indisciplina escolar o laboral, por más justificable que parezca. 

Lo peligroso sería que todos creyeran que faltar es la regla y no la excepción. Lo nefasto sería que nuestros niños crecieran en ese estado de relajamiento en el que las ausencias no son reprochables. ¡Qué mensajes les estaríamos enviando! ¡Los alejaríamos de valores co­mo la responsabilidad, el compromiso y la disciplina!

Yo voto por trabajar e ir a la escuela el día que se cumple años. Los cumpleaños no son feriados.  

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