¿Educar puede cualquiera?

Educar es depositar en cada hombre toda la obra humana que le ha antecedido

“Educar es depositar en cada hombre toda la obra humana que le ha antecedido (...) es ponerlo a nivel de su tiempo (...) es preparar al hombre para la vida”.  
  José Martí

-Venga señora, siéntese con el niño que esto en la próxima parada se pondrá peor.

La frase no asombra a nadie; los cubanos en cuestión de ayudar a quien lo necesite tienen el primer lugar. El asombro trascendió por el responsable: un estudiante de politécnico, con el uniforme gastado, y claramente cansado por la vorágine del día, pero que cedió su puesto en el ómnibus.

-Muchacho, si mi profesora se monta y una mujer con su hijo está de pie y no le ofrezco el puesto, esta semana no puedo entrar al aula mirándole a los ojos. Siempre explica en clase sobre la necesidad de la cortesía en la actualidad.

Imágenes como esta, aunque aleatorias y para algunos sorprendentes, son resultado, además de otros factores, de la labor que realizan los educadores desde los diferentes niveles de enseñanza, a pesar de las constantes críticas al sector, o la insuficiencia de unos en sus respectivos centros de trabajo.

No por reiterativa la frase “estamos más tiempo en la escuela que en la casa” pierde su certeza. Los profesores constituyen un referente en lo personal, profesional y social.

Días atrás, conversando con unos amigos reconocíamos cómo ha disminuido el nivel de preparación, compromiso y responsabilidad de algunos estudiantes de Secundaria Básica, politécnicos y de Pre universitario (sin intención de generalizar), y en gran medida les reprochábamos a los maestros la falta de interés de los alumnos, comprendiendo al final que se trataba de algo más complejo.

Corresponde a la educación un lugar significativo en pos de transformar la realidad actual, y por ende tiene como misión formar a las nuevas generaciones.

En ese particular agradecíamos a nuestros maestros, que supieron conducirnos por el camino de auto superación y de exigencia.

Aunque debemos reconocer que cada momento es diferente. Décadas anteriores la palabra del pedagogo era considerada como una máxima dentro del aula; y en la actualidad, los padres en su afán de “proteger” a sus hijos, en ocasiones desacreditan o disminuyen sus decisiones. O por otra parte asumen a los maestros como responsables únicos del desarrollo, personalidad y formación de los estudiantes.

Y si a esto le agregamos diferentes factores como la migración hacia otros sectores de mayor remuneración; la escasa atención por parte de las instancias superiores, considerada por algunos como un elemento imprescindible; la ausencia de figuras reconocidas a causa de la jubilación; la concepción de la familia sobre el magisterio; la manera de expresarse de los propios maestros sobre su profesión y carencias; o la escasa disponibilidad de profesores en la provincia, entonces el fenómeno se engrandece.

A lo largo de la historia, la educación se convirtió en la base de la formación de la nueva sociedad, y actualmente tiene la función de promover el conocimiento y valores éticos, morales y cívicos. Reconocer su importancia y respetar a quienes la promueven constituye en estos tiempos una tarea pendiente.

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