Bárbara Vasallo: “qué aburrido sería no ser periodista”

Quienes conocemos a Bárbara Vasallo Vasallo sabemos que ella no podría ser otra cosa que periodista, porque si no ¿cómo canalizaría esta mujer esa inquietud permanente, esa inconformidad ante lo mal hecho, esas ansias por comunicar siempre? ¿Cómo encauzaría su agudeza y sensibilidad? Me confiesa que reventaría. Y yo le creo. 

Por suerte Bárbara es periodista; periodista de las apasionadas, de las que no deja de serlo un segundo de su día. Quienes la han conocido ya madura y la ven desempeñarse hoy en sus muchas facetas de jefa, reportera y profesora no imaginan que su camino para llegar a esta profesión no fue recto, sino lleno de esfuerzos; marcado por gente que la impulsó a seguir adelante.

Con 58 años, 41 dedicados al periodismo si contamos desde sus inicios, Bárbara es hoy la Corresponsal Jefa de la Agencia Cubana de Noticias (ACN) en Matanzas. El Premio por la obra de la Vida que confiere la ACN le acaba de ser otorgado en 2020. Esa fue la razón inicial para esta entrevista, pero terminó siendo la crónica de una vida llena de otros premios que no se acompañan de diplomas y ella valora más.

Desde España, una corresponsal voluntaria

Bárbara Vasallo es natural del central España Republicana, en el municipio de Perico, provincia de Matanzas. Allí la niña Barbarita comenzó el camino hacia el periodismo. Cuenta que tenía 8 años cuando escribió su primera crónica “o algo así”, según su profesora de cuarto grado.

“Deysi de la Paz Expósito es la culpable de que yo sea periodista. Yo había escrito una composición sobre un paseo con mi familia, no recuerdo adónde, y cuando fue a dar la nota me dijo que me dejaba para el final porque lo mío no era una composición. Me asusté porque pensé que estaba mal, pero no, dijo que la dejaba para último porque lo que yo había escrito era una crónica periodística”.

“Me dijo que tenía que ser periodista por como yo escribía”, recuerda Bárbara y agrega que no fue hasta los 16 o 17 años cuando comenzó a pensar en serio en el periodismo.

Bárbara no le entró al periodismo por “la canalita” como la mayoría de los llamados “periodistas de academia”, sino como corresponsal voluntaria.  “Yo no hice el pre universitario porque en aquel momento la única opción era estar becado en Jagüey Grande. Como era asmática no me adapté al microclima de Jagüey. El propio director de la escuela llamó a mi mamá para darme la baja con la posibilidad de que estudiara en otro lugar, porque si no me iba a morir allí. Me daban ataques de asma todos los días”.   

Barbarita estudió una carrera técnica de Contabilidad en el central España y al terminar la ubicaron en la oficina del propio ingenio. Es ahí cuando empieza su historia en el Periodismo. “Como me gustaba escribir me enrolé como corresponsal voluntaria”.

Barbarita tenía 16 años y era una muchachita flaquita, pelilarga y ojigrande cuando empezó en Radio Llanura de Colón en un programa que se llamaba Por el camino del mañana. “Aurelio Varona Esponda fue quien me invitó a trabajar allí. La delegación de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) allí propició un curso de Técnicas Periodísticas y yo lo pasé. Lo impartió el propio Aurelio, a quien le agradezco muchísimo porque con él aprendí lo que era el lead”.

Barbarita recuerda sus años como corresponsal voluntaria del Central España con mucho cariño. “Reportaba sobre la zafra para Radio 26, el periódico Girón, para Radio Rebelde y a veces hasta para el periódico Juventud Rebelde. Mi mamá guardaba todos los recortes. En 1981 me hicieron miembro de la Upec”.

La oportunidad de estudiar Periodismo

“Cuando iban al central España, que era el mayor de la provincia y generaba mucha información, todos los periodistas me buscaban porque yo me sabía todo. Así conocí a Guillermo Miró, a Nelson Notario Castro, a Mario Sarraf y a Ignacio López, a periodistas que eran referentes, que dedicaron su  vida a ese periodismo económico que es tan importante”.

La mirada de Barbarita se pierde y parece como si estuviera en ese instante allí, en el ingenio, con 20 ó 21 años. “En una de esas visitas, Nelson Notario Castro me dice que estaba abierta la convocatoria para la carrera de Periodismo y que iba a ser el último curso de la modalidad para trabajadores. Me dijo que tenía que presentarme y yo que no, que me daba miedo, porque había que hacer pruebas de ingreso y una entrevista”.

“Pero fui a la Universidad. La escuela de Periodismo estaba en Zapata y G. Me dijeron que tenía que inscribirme y me dieron la fecha de los exámenes. No recuerdo bien cuántas plazas eran pero había cientos de aspirantes. Las pruebas eran a las 7 de la noche. Me iba temprano para La Habana y regresaba en la última guagua que salía para Colón. Me quedaba en Perico y ahí cogía  la guagua del central”.

Amalia, madre de Bárbara

“Mi mamá siempre inspirándome en todo eso. Cuando fui a buscar los resultados me paré delante de aquella lista yo solita. Estaba muy nerviosa. Y busco y busco y en el número 20 estaba mi nombre”, cuenta Barbarita como si fuera ayer. “Llamé a una vecina y le dije que me hiciera el favor de decírselo a mi mamá. ¿Que si lloré? Claro que lloré, tú sabes que yo lloro por cualquier cosa”.

“Pero entonces tenía que llevar una autorización del centro de trabajo. Esa modalidad era para trabajadores de los medios fundamentalmente. Yo era corresponsal voluntaria pero trabajaba en el central y la jefa de cuadros y capacitación, que se llama Estrella Valderrama me negó la carta”, rememora apesadumbrada.

¿Y qué te salvó?, le pregunto. “Mi mamá, la Amalia original”, me responde y describe con detalles hasta la cartera rosada y la sombrilla de muchos colores con las que salió su madre a ver a la compañera que pretendía negar a Bárbara Vasallo Vasallo la oportunidad de estudiar Periodismo.  

“Yo llegué a  la casa llorando. Ubícate, jovencita. Mi mamá salió para allá y le preguntó por qué me quería tronchar el futuro si yo era Técnico Medio y trabajadora vanguardia. Y aquella mujer le dijo que el periodismo no tenía nada que ver con mi trabajo”.

Barbarita cuenta con orgullo que su mamá refutó fuerte aquella justificación de esa persona perteneciente al bando de los que te cierran los caminos. “Le dijo que yo era corresponsal voluntaria y publicaba en el periódico y para probarlo llevó en la cartera todos los recortes”.

Pero aquella mujer no tranzaba y Amalia tuvo que ponerse fea. “Mi mamá le dijo que podía dar la carta por las buenas o por las malas, que si ella  quería le escribía al Ministro del Azúcar. Ella contaba que llegó a amenazarla con sacarla por los pelos de la oficina y estarle dando sombrillazos por las canillas hasta la salida del ingenio. No sé qué pasó, pero mi mamá regresó con la carta”.

Junto a la autorización  del central, Bárbara tuvo que llevar sendas cartas de los directores del periódico Girón y de Radio 26, en las cuales constaba que era corresponsal voluntaria.

Empezó a estudiar Periodismo en 1986, en una modalidad de curso para trabajadores gracias a la cual durante varios años se graduaron muchos compañeros valiosos, entre ellos un grupo de personas que ejercían el Periodismo desde los primeros años de la Revolución pero no tenían título universitario.

La carrera

Los cuentos de la carrera que hace Bárbara Vasallo no son como los de quienes estudiamos por el curso regular, pero se parecen mucho. “Los que no éramos de La Habana teníamos beca. Íbamos cada quince días y teníamos tres jornadas de clases. Y al final de cada semestre debíamos estar cerca de un mes”.

“Muy linda la carrera, al que le gusta se enamora de esto y no lo suelta”, me comenta. “Tuve profesores fundamentales como Otilia de la Cueva en Gramática. Todo el que fue su alumno sabe que obtener con ella un cinco era muy difícil, y tuve varios. Me enseñó ese lenguaje directo, la manera de  utilizar las formas verbales y desechar las oraciones compuestas”.

“Salvador Bueno en Literatura Cubana, que llegó a ser presidente de la Academia Cubana de la Lengua; Álvaro López en Literatura Universal; Miriam Rodríguez Betancourt y Wilfredo Cansio en periodismo y Rafael Rivera Gallardo en Metodología de la Investigación, quien después fue el oponente de mi tesis”.

¿Cuánto cambió la  visión de la guajirita del central España en La Habana?, la provoco y le hablo de literatura y de arte. No lo piensa  mucho. “Sigo siendo la guajirita del central España, lo que ahora soy la “guajirota” por esta humanidad que porto”,  y señala con sus manos siempre inquietas y expresivas la figura que los años han rellenado.

“La inquietud por la lectura la tengo desde que aprendí a leer con 4 años. Mi abuelo, mi mamá, mi papá y mi hermano, que es 6 años mayor que yo, siempre tenían un libro en su mesita de noche. Pero es verdad que la universidad, los profesores y los compañeros me hicieron concretar esa preferencia por la literatura, por lo autores”. 

“La Habana me abrió el camino de la música, los conciertos de Silvio, de Pablo, de Noel, de los Van Van, de Adalberto Álvarez, los festivales de cine, conocer el cine latinoamericano, el ballet, el teatro. Era el mundo abierto a todo eso que me ayudó después de alguna manera a especializarme en los temas culturales. Cuando terminé la carrera seguía yendo a La Habana para no perderme esas cosas”.

“¿Compañeros de aula? Grisel Santiesteban, fotógrafa; Luis Evidio Martínez de Villa Clara; Diego Rodríguez de la Isla de la Juventud; Alejandro Gómez de Prensa Latina; Patricia Gross de la agencia IPS, Edda Fernández Moré, Damaris  Zamora y mi gran amigo Enildo Pérez Castañeda, de aquí de Matanzas”.

“De otros años Nivaldito Miró, Nelson Barrera, Gustavo Borges y Roberto Ramírez. Con Nelson hacíamos los viajes juntos en el niva de la televisión. Y cuando no, nos íbamos en tren”.

¿En qué año te graduaste?, interrumpo sus recuerdos para  precisar la fecha. La cara se le transforma  y se le hace un nudo en la garganta. No es metáfora, no puede hablar. Los ojos se nublan. “En el año 91, pero nunca fui a mi graduación”.

Más tranquila después de una pausa me cuenta la razón de su dolor. En los últimos años de su carrera Barbarita vivió con intensidad momentos felices y tristes: su primer matrimonio, el nacimiento de su primer hijo y la muerte de Amalia, su madre, que nunca la pudo ver graduada.

“Mi mamá me cuidaba al niño para que yo siguiera estudiando. Fue muy difícil cuando ella murió. Mi primer esposo, Reynaldo trabajaba en el coro y su madre siempre fue enfermiza, entonces venía mi papá o Reynaldo no trabajaba. Aquello fue una locura, pero no perdí nada. En lo único que pensaba era en terminar la carrera, cuidar al niño y todo con esa tristeza tan grande, pero se lo debía a mi mamá”. 

“¿La tesis? Celestino García Franco fue mi tutor. Él me había sugerido hacer un análisis del periodismo gráfico de Manuel Hernández, pero entonces estaba el proceso de rectificación de errores y tendencias negativas y hubo una indicación de que había que hacer un análisis de cómo se había trabajado este tema en el periódico Girón en el quinquenio 1986-1991. Esa fue mi tesis, que debe estar guardada, como muchas, en una gaveta”.

Periodista en Girón, sin ser periodista

En el expediente laboral de Bárbara Vasallo consta que fue trabajadora del periódico Girón, sin embargo ella nunca ocupó una plaza periodística en ese importante medio que ella considera una escuela. Allí fue a trabajar mientras cursaba los últimos años de la carrera de Periodismo como secretaria del director Otoniel González Quevedo.

“Otoniel tenía malas pulgas pero siempre nos llevamos bien”, me cuenta y agrega que en el periódico complementó lo que había aprendido en la Universidad. “Poder estar en los consejillos editoriales en un periódico diario era apasionante”.

“Aprendí de toda esa meticulosidad de Luis Alonso. Fue increíble compartir con Eugenio Díaz, corrector de estilo, una plaza  imprescindible en un periódico; con Celestino García Franco, Aurora López, Charro Guerra, Maritza Tejera, Ventura de Jesús, Alba Rosa García Oña, Yolanda del Solar, personas con las que tuve una relación fuerte de trabajo, gente con la que aprendí”.

No te imagino de secretaria, le digo.  “Es que ni yo tampoco, pero no es nada denigrante”. No, le digo, no lo imagino por tu personalidad. Y me explica que era secretaria pero colaboraba con el periódico, seguía escribiendo cuando le daban la  oportunidad y que en una época, como era contadora, ayudó en la administración del periódico.

La Barbarita que salió de la Universidad, ¿con qué medio soñaba?, averiguo para conocer sus preferencias mediáticas. “Como ya estaba en el periódico, la prensa escrita. Yo hubiera estado en el periódico hasta hoy”.

¿Y hoy?, riposto para conocer su medio favorito ahora. “Yo trabajo en una agencia de noticias y esa es la asignatura que imparto en la Universidad, pero a mí me sigue gustando la radio. Después que yo viví la magia de la radio, es la radio”.  

Nunca hubo plaza para la periodista Bárbara Vasallo en Girón. Un poco después de su graduación, en 1992, con las restricciones del Período Especial los periódicos provinciales comenzaron a salir tres veces a la semana primero y una luego. Varios periodistas muy valiosos de Girón salieron a trabajar hacia otros medios en prestación de servicios. Entonces Barbarita escogió el camino de la radio.  

La cercanía de la radio  

“Fui para la  radio con el dolor de mi alma, pero me enamoré de ella. La plaza que tenían era de Jefa de Redacción. Me tocó sustituir a un gran periodista y trabajar con colegas muy talentosos como Carlos Cruz, José Miguel Solís, Maritza Pardo, Iván González, Sergio López y Manolo García”.

“Yo no quería estar en la jefatura. Ángel Tápanes, que era el director, me decía que yo no podía reportar, pero negociamos y yo hacía la cartelera cultural para los noticieros En punto y para el provincial de las 6 y media de la tarde. Yo me escapaba para las coberturas y al año -mi compromiso con la jefatura fue por un año- me fui de reportera a atender la cultura.

¿Qué tiene la radio que te gusta tanto? “La radio te permite hacer lo que tú quieras en el periodismo, con tu voz, los efectos y la música. Te permite comunicarte. Yo me fui de la radio en el año 1997 y todavía llego a lugares y la gente reconoce mi voz y me recuerdan de Radio 26. Es la cercanía con la gente, que te digan ´me gustó lo que hiciste´”.

¿Se necesita una voz hermosa para hablar por radio?, le pregunto a sabiendas de que es una cuestión dolorosa para ella. “Es un tema muy polémico. Hay periodistas que son muy buenos locutores. Yo no lo soy. Los periodistas comunicamos, somos hablantes y yo pienso que siempre que comuniques, que se entienda lo que hablas, no hay problema”.

“Yo siempre he sido ronquita. A esta altura de mi vida no sé quiénes se quejaron y dijeron que yo no podía hablar por radio, pero me lo tienen prohibido. Yo estoy evaluada como hablante por Gladis Goizueta, Edel Morales y Marlon Marlon. Yo sigo haciendo radio, pero solo en el canal de la agencia”.  

¿Lo mejor de la radio para ti, lo que guardas de bueno de ese medio?, indago para cerrar ese capítulo esencial de su vida. “Con la radio aprendí el valor de la inmediatez que tanta falta me hizo cuando llegué a la agencia. Aprendí a manejar la síntesis. La radio me dotó de todas esas herramientas y además lo disfrutaba”.

“Fueron años preciosos, de trabajos buenos, de premios, con un colectivo de gente tremenda. La radio es una familia, todo el mundo depende de todo el mundo, porque para hacer un buen trabajo dependes de los operadores”.

Barbarita se fue de la radio por un disgusto. Pero no se arrepiente de la decisión que tomó aquel día cuando pidió la baja y salió caminando Milanés abajo. “La radio fue mi escuela. Me dolió irme pero me recuperé”.

La agencia de noticias, el medio que nunca pensó

Cándido Domínguez es el culpable de que Barbarita esté en la agencia. Cándido era el corresponsal jefe de la Agencia de Información Nacional (AIN) en Matanzas, un profesional muy respetado, con un olfato y una maestría para la información envidiable. 

El día que Bárbara Vasallo salió de Radio 26 Milanés abajo, fue Cándido quien la recogió en el Niva de la AIN. Al saber lo ocurrido la invitó a trabajar con él. “Ya Roberto Pérez Betancourt me lo había ofrecido unos días antes de forma casual porque se había acabado de ir el periodista que atendía Cultura”.

“Llegué a la AIN en septiembre del 97. No  perdí  nada, salí de la radio un día y al otro vine para la agencia. Aquí estaban Cándido y Roberto. Yo venía de la radio con una evaluación excepcional, creyéndome, como somos los periodistas, que me estaba comiendo el mundo”.

¿Y no te daba miedo estar con esos dos monstruos? Se ríe. “Eso fue lo mejor que me pudo pasar. Yo iba y le decía: Robe, ¿qué tú crees de eso?, revisaba la nota y me contestaba que yo lo podía hacer mejor. Roberto es muy quisquilloso.”

¿Te costó adaptarte al estilo de la agencia? “No. La radio me ayudó. Cuando las notas en la radio las haces como dicen las normas de redacción deben parecerse bastante. Me acostumbré rápido. Me ayudaron mucho mis compañeros y los editores que eran muy buenos”.

¿Pensante alguna vez en trabajar en una agencia de noticias? “Nunca lo pensé. Cuando uno estudia la carrera, a la mayoría de los estudiantes no nos gusta mucho esa asignatura. Además, las corresponsalías en las provincias son muy limitadas, con dos o tres periodistas, siempre cubiertas las plantillas”.

Pero hoy Bárbara Vasallo no puede ocultar su amor por la agencia. “Imagínate, la agencia cumplió 46 y yo llevo la mitad. No es mucho, pero es bastante, porque además me lo siento”. Se refiere a la edad, pero la verdad es que ella tiene más energía que muchos jóvenes.       

Con orgullo me cuenta que fue testigo de la transformación de la agencia nacional de noticias. “Yo llegué cuando era AIN, con un teletipo, tres máquinas de escribir. Y después la computadora, el correo electrónico, el FTP, la multimedia. El servicio de radio existía, pero vi surgir el canal, el departamento de audiovisuales y la revista Oferta”.

Las agencias cumplen un rol dentro del sistema de medios, pero hay quienes dicen que es el periodismo más anónimo, la provoco. “Ese es el riego. Antes si no te publicaban los principales medios impresos no sabías la repercusión. Pero con Internet es más fácil ver dónde te publican”.

Me aclara que hoy la agencia pone las iniciales y el nombre del periodista para que el editor del medio que lo vaya a usar elija si pone el crédito del periodista, el de la ACN o ambos.

“A mí nunca me ha molestado el anonimato”, remata. “Con tantos años en el periodismo uno ya no tiene nada que demostrar. Lo que he hecho está ahí, si lo he hecho mejor o peor, no sé. Soy una eterna inconforme. Leo algo de hace 10 años y pienso que pude haberlo hecho mejor. Eso es inherente a nuestra profesión. Pero el crédito, no; lo que  importa es el trabajo”.

Como reportera: la noticia, la crónica y la cultura

¿La  noticia es tu género favorito? “A mí me gusta mucho la noticia, pero me gusta la crónica y se me da, no por encargo. A ningún periodista serio se le ocurriría encargar una crónica, porque tiene que nacer para que sea valedera. El cometario no me gusta mucho. Soy periodista y lo asumo. Pero cuando tengo que hacer algún servicio especial para la agencia me voy por la crónica”.

¿El secreto de la noticia? “Primero hay que buscarla. Hay que tener olfato para llegar a un lugar y que te hablen de mil cosas y tú sepas por dónde irte. La forma de escribirla se estudia, pero la noticia es un fenómeno de interés humano. El periodista debe ser muy observador y tiene que buscar lo que pueda interesar a los demás”.

¿Siempre has atendido el sector de la Cultura? “Sí, en la agencia siempre, aunque después he cubierto otras cosas. Tuve el privilegio de ver nacer agrupaciones como Las  Estaciones, Icarón y proyectos como el de Ulises Rodríguez Febles; reportar el crecimiento de Papalote o los años de esplendor de Teatro de Sur”.

“Gracias a esa especialización pude conversar horas y horas con Carilda Oliver Labra y conocer a Mario Benedeti, Alicia Alonso y Dulce María Loynaz, son cosas que te marcan para toda la vida. Ya yo había incursionado en la cultura desde Girón, escribiendo para el suplemento Yumurí. Pero en la radio es donde defino esa especialización”.

En la agencia de noticias Barbarita atendería otras temáticas como Salud, Zafra, Agricultura y Turismo. Llegarían también las coberturas de primer nivel y la posibilidad de estar cerca de Fidel en varias ocasiones.

Fidel

“Ya en la radio había tenido la posibilidad de estar en coberturas de primer nivel con Fidel, en 1996 cuando el ciclón Lili y en los 40 años del Canto a Fidel, cuando estuvo en el Hotel El Valle con Carilda”.

¿Qué guardas de esos encuentros? “Su mirada. La mirada de Fidel te derrumbaba. Sus brazos fuertes cuando te abrazaba. Su manera de decir las cosas, su optimismo. Cuando el ciclón Michelle, con aquellos cristales rompiéndose en el Meliá las Américas de Varadero y nosotros preguntándole por el ciclón y él tranquilizándonos con que esto lo vamos a resolver y entonces se puso a hablar de todas las transformaciones que venían en la educación”.  

“Lo primero que me tocó con Fidel estando en la agencia fue lo de Elián, el 6 de diciembre del año 1999, cuando él viene al pupitre vacío en la escuela Marcelo Salado en Cárdenas. Yo estaba embarazada de mi segundo hijo y me fueron empujando y quedé casi frente a él. Mi barriga casi lo rozaba”.

Tú dices que te impactaba su mirada, pero ¿no te sudaban las manos cuando estabas cerca de él? “Temblaba toda por dentro. Nadie se daba cuenta porque yo soy genio y figura. Yo temía que me preguntara algo porque a él le gustaba preguntarle a la gente. Pero no, siempre fueron conversaciones muy amenas con los que estábamos a su alrededor, muy cariñoso, muy caballero. Fidel era un caballero en toda la extensión de la palabra”. 

Bárbara, la corresponsal jefa

Bárbara Vasallo Vasallo, bvv por sus iniciales, es la corresponsal jefa de la Agencia Cubana de Noticias en Matanzas desde 2012. Pasó una época difícil en la que se quedó ella sola, pero en 2013 comenzó a armar un equipo que hoy está entre los mejores de su tipo en el país.

“La Universidad de Matanzas puso a esos muchachos en mi mano, talentosos, diamantes en bruto, que solo había que pulir. Como tengo la suerte de haber sido tutora en las prácticas y profesora después, yo he tratado de enamorarlos por el trabajo de la agencia. Me encontré primero con Robertico (Roberto Jesús Hernández) y Yenli (Yenli Lemus).

Comenta que los cuatro jóvenes que componen el equipo han mostrado afinidad por la agencia desde el primer momento. De sus muchachos, como ella les dice, podría estar hablando todo el día. Pero la interrumpo y le pregunto por el trabajo en equipo. ¿Cómo logras que dentro de sus diferencias todos aporten a la par?

Y me repite algo que me respondió hace algunos días en otra entrevista: “nada de lo que yo les exija a ellos no lo hice yo primero. Si les digo que hay que meterse la noche en un puesto de mando porque hay un ciclón, ya yo lo he hecho 14 veces”. Es el ejemplo, le digo y me refuta: “no me hagas hablar de mí misma”.

Me comenta que el secreto está en construir la agenda del medio entre todos. “Es algo por lo que hemos estado abogando en todos los congresos de la Upec. La agenda se construye a partir de la agenda política, pero tiene que ir a la par de la agenda pública. Tenemos que ser los oídos de la gente, hay que estar en la esquina, en la parada, en la cola. Hay que ir al hospital, pero sentarse en la consulta con la gente que está esperando y no hablar solo con el director”.

Una profesora muy exigente

¿Por qué eres profesora? “Lo hago por la formación de los periodistas, para cuando lleguen a las redacciones lo hagan con herramientas elementales para hacer bien estas cosas de las que hemos hablado”.

En la Universidad de Matanzas, junto a Díaz Canel y colegas que fueron sus alumnos.

¿Y qué tipo de profesora eres? “Yo soy muy pesada como profesora porque soy muy exigente. ¿Pero tú crees que si no me hubieran exigido a mí yo hubiera llegado hasta aquí? Yo tengo que evitar que cuando esos muchachos lleguen a los medios digan que son unos mediocres”. 

Barbarita imparte la asignatura Agencia de noticias, pero también otras de la disciplina de Periodismo Hipermedia.

¿Personalmente qué te aporta? “Aprendo mucho. Primero porque me tengo que preparar. Nuestra profesión exige estudiar todos los  días, pero los alumnos te exigen más porque se aparecen con cada preguntas y cada criterios a los que tú tienes que dar respuesta y no puedes tambalear. No puedes dejar que la situación se te vaya de control. Y de ellos aprendo lo que piensan, sus proyectos. Todos aprendemos de todos”.

¿La pasas bien en un turno de clase? “Sí, lo disfruto muchísimo. Tengo que tomar agua porque yo hablo mucho. Se me va el tiempo. El mejor regalo es, pasado el tiempo ver que vienen con la nota informativa que les orienté y el lead está como tiene que estar”.

¿Quién manda en la casa? 

Bárbara Vasallo es muy familiar. Su esposo y sus dos hijos son su familia más pequeña. “De mis tres guardaespaldas aprendo todos los días. En mi casa los debates son intensos porque todo el mundo es león. De mis hijos aprendo, creo que los he educado con la misma altura conque mi madre me educó a mí. Tienen valores, son buenas personas. Siento orgullo de mi hijo trovador, pero también del otro, que sigue los pasos del hermano, pero tiene su personalidad. Mi nuera es una parte muy activa de la familia”.

¿Y quién manda en la casa? Se ríe. Una risa nerviosa y miente: “en casa se puede decir que la agenda se construye de forma colectiva”. Claro, no dice que la última palabra la tiene ella.

¿Y quién cocina? Esta es una pregunta muy importante, Bárbara es quizás una de las pocas periodistas cubanas que no cocina. “Víctor, mi esposo, porque ¡tiene una mano! El aprendió conmigo, pero hoy cocina él”. 

Su media naranja no solo cocina. “Víctor ha sido un apoyo muy grande en mi carrera, y mi suegra que no es la abuela de mi hijo mayor, pero se quedaba con los dos para ayudarme”.  

“Y Amalia es la luz”, termina y los ojos se le iluminan. Amalia es la primera nieta de Bárbara Vasallo. Tiene 7 meses y se parece mucho a ella. “Todos los que me vieron a mí a esa edad me dicen que es idéntica. Pero la verdad es que Amalia se parece mucho a su papá. Tiene el Vasallo fuerte”, dice la abuela recién estrenada que apenas ha podido disfrutar la abuelitud por la pandemia. “Hace dos meses solo la ha visto por el balcón o desde la puerta. Ella me mira y no llora. Es una bendición”.

Los premios

El premio que te acaba de llegar es un reconocimiento importante, pero ¿cuál es tu verdadero premio? “El premio es mi familia, mis muchachos, mis amigos y el periodismo; todo sin poder decir que uno va primero. El periodismo está tan ligado a mi vida que la mayoría de mis amigos también son periodistas”.

“El premio es un reto para seguir formando a esos muchachos y a otros, para el día que yo no esté aquí, que puede ser mañana, dentro de tres meses o cinco años, el que se siente aquí, el que asuma esto, sienta que ha recibido una enseñanza y pueda hacerlo para los que vengan después”.

¿Te imaginas tu vida sin el periodismo? ¿Crees que has escogido el camino correcto? “A mí nadie me quita lo bailao. No sé qué podría ser si no fuera periodista. Yo no sé hacer más nada. Soy muy apasionada, aventurera. ¿No crees que fue una aventura lanzarme del central España hasta Zapata y G a ver si podía ser periodista? ¡Qué aburrido sería no ser periodista!” (Por: Yirmara Torres Hernández/Cubaperiodistas)

6 comentarios sobre “Bárbara Vasallo: “qué aburrido sería no ser periodista”

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    el 29 mayo, 2020 a las 9:09 am
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    Mi respeto hacia ud Bárbara, una guajira que ha tenido que
    luchar mucho y persistentemente para lograr
    sus sueños, eso la engrandece
    aún más.
    Yirmara me encantó la entrevista cómo está, muy natural, sencilla y real.
    En cuanto al El Dependiente,
    no le presten atención, es un
    «Periodista frustrado»; que ante la elección de realizar su sueño
    profesional ó vivir mejor materialmente escogió lo segundo, de ahí su «dolor» .
    Mis felicitaciones a las dos.

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    el 28 mayo, 2020 a las 3:53 pm
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    Qué lástima que «El dependiente» mal interpretó la historia, yo soy honesta y la cuento como fue, usted ni siquiera pone su nombre y su apellido.
    Eso fue es tan verdad como que estoy sentada ahora mismo leyendo y respondiendo, esa «réplica»…
    No es venganza contar la verdad, aunque duela.
    Aparecen muchos nombres y apellidos en esa historia, me han acompañado siempre muchas personas, nadie puede hacer una obra, por mínima que sea, solo.
    De Estrella nunca más supe, para nada le guardo rencor; pero de que ensañó conmigo no le quepa dudas. Por tener el cargo que tuviera no le daba derecho a tronchar el futuro de una joven muchacha lo que quería era estudiar lo que le gustaba y lo obtuvo con su propio esfuerzo.
    Lamento que no entendiera el sentido. Saludos

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    el 28 mayo, 2020 a las 1:53 pm
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    Una replica:
    Entristece cuando alguien utiliza este medio como venganza, a sabiendas de cuanto dolor puede ocasionar a la persona y su prestigio en su entorno, mencionar su nombre para hacer público algo ocurrido porque le haya provocado dolor o sentimientos apesadumbrados no justifica la falta de ética ¿por qué mencionar su nombre?
    ¿qué es lo que se quiere, herir sentimientos?. Usted se muestra rencorosa no le perjudicó la acción sino la persona, nuestro Martí escribió refiriéndose a un filósofo de la época y cito «Quien no comulga en el altar de los hombres, es justamente desconocidos por ellos» como puede ver trasciende un pensamiento en el tiempo sobre el odio ¡claro que si! En su entrevista hay mucho agravio violento y con remordimiento y sobre eso Martí fué enfático cuando dijo y cito «¡Yerra pero consuela! Que el que consuela, nunca yerra». Deseamos que en el bregar de la vida conquiste esos sueños no realizados, que vengan mas oportunidades bien aprovechadas, no denigrar al hombre sino a su actitud y así será, además de «muy buena periodista», una gran persona. Gracias
    A Yirmara Torres Hernández: Conocemos a la persona a la cual hace referencia con nombre y apellido y si usted hubiera investigado un poquito no hubiese cometido el gran error de valorarla solo por la opinión de la entrevistada. Esa persona a la que usted ha calificado como que «cierran caminos» ha ayudado a muchas personas a encaminarse en la vida y ha dedicado su vida a trabajar para y por la Revolución, y ejemplos sobran por lo que no merece ese calificativo. ¿Sabe usted si su negativa atendia a orientaciones inherentes a su cargo? Investigue y verá que en aquellos momentos de nuestro proceso esa persona estaba cumpliendo con la tarea que le encomendaron. Es por ello que la convido a ser más objetiva y ética en el periodismo que ejerce.

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      el 28 mayo, 2020 a las 6:15 pm
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      Gracias por su comentario. Muy claro. No hubo ánimo, espero, de venganza. No dudo q usted tenga razón y la persona tenga una trayectoria digna de admirar.
      Esto es una entrevista… en la entrevista hay una sola fuente, el entrevistado… creo que la entrevistada no juzga a la persona sino el hecho. El hecho es el que ella cuenta. Siento si vio segunda intenciones… la entrevistada mencionó muchos nombres… y este es uno de ellos, muy importante. Por aquella carta la entrevistada estuvo a punto de no poder estudiar periodismo… sí era muy importante. Abrazo y, le reitero, gracias por comentar. Una pena que no lonhaya hecho con su nombre

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    el 28 mayo, 2020 a las 11:47 am
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    Muchas Felicidades a Barbara Vasallo por esa carrera tan grandiosa, de constantes retos pero q has logrado vencer y estar hoy donde estás, me alegro mucho de haber conocido tu historia de vida, eres muy buena en lo que haces, te deseo sigas cosechando muchas cosas buenas y que Amalia, la luz de tu vida, siga tu ejemplo.

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      el 28 mayo, 2020 a las 3:55 pm
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      Gracias Pura, lo que he hecho toda mi vida es trabajar, y querer a un montón de gente que siempre me ha ayudado

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