Chernóbil: El legado de la catástrofe

El mundo mantiene su alerta por la rápida propagación de la Covid-19, de impacto supremo en todos los ámbitos de la realidad humana de estos tiempos. Sin embargo, ya suman 34 los años cumplidos de otra catástrofe que, por su connotación política, económica y medioambiental, cambió el destino de la humanidad.

Ubicado en el primer lugar de la Escala Internacional de Accidentes Nucleares y uno de los mayores desastres medioambientales de la historia, el siniestro de Chernóbil, que tuvo lugar el 26 de abril de 1986, demostró hasta dónde los deseos de "jugar a ser Dios" del hombre pueden acarrear nefastas consecuencias.

La que comenzara como una prueba ante posibles fallas del suministro eléctrico, terminó en un sobrecalentamiento y explosión nuclear de inmensas proporciones, acompañado de una elevada radioactividad velozmente extendida por la mayor parte de Europa. Y mientras millares de personas eran evacuadas, otras se ofrecían para intentar mitigar los efectos de la debacle que se avizoraba.

La evacuación de los habitantes por las excesivas cantidades de radiación (500 veces mayores a las de Hiroshima) hasta el sacrificio de animales hicieron de la prometedora Prípiat una ciudad fantasma, presa de la vegetación, el desgaste, la desolación y el triste recuerdo de lo allí acontecido.

Bomberos, obreros, científicos, mineros, ingenieros, geólogos...todos los llamados liquidadores juntaron ingenio, fuerzas y sacrificios. Nada más apreciable que el poder de la unidad como arma de gran poder ante toda calamidad.  Los niveles de radiación a que estuvieron expuestos fueron inimaginables. Pero el destino de la humanidad pendía de un hilo. Salvarla era la prioridad. Y esta hazaña los convirtió en héroes.

Sin embargo, eran duros tiempos marcados por la Guerra Fría, esa cruenta batalla entre los bloques mundiales capitalista y socialista. La Unión Soviética atravesaba una dura crisis económica y el accidente de Chernóbil fue un duro golpe a su gestión geopolítica, hasta el punto de llegar al secretismo de gobierno, el burocratismo y demás tendencias que atentaron contra una más rápida respuesta de contraataque para resolver este "problema nuclear".

Los deseos de mantener el orgullo sobre la base de apariencias de fortaleza, permanencia y eficacia se antepusieron a la entonces imprescindible petición de apoyo internacional. Tanto fue así que no quedó más remedio a Mijaíl Gorbachov, su entonces presidente, que emitir un informe con datos sobre la magnitud del suceso y sus posibles efectos colaterales, duramente criticado por la prensa internacional por sus suavizados y encubridores detalles. El impacto político y económico fue tan grande que lo ocurrido en Chernóbil es tomado por muchos junto al glasnost y la perestroika como causas del derrumbe del campo socialista.

Así como el siniestro del Titanic diera mucho de que hablar y más por su inclusión en el cine, el accidente nuclear de Chernóbil lo ha hecho trascender en disímiles libros, documentales y películas que a su historia se dedican. No es sorpresa que, bajo el eslogan "¿Cuál es el costo de las mentiras?", la megaproductora HBO le regaló, en merecido homenaje, una espectacular miniserie de 5 episodios muy aclamada por la crítica, tanto por su análisis deliberado de la gestión de la máxima dirección política soviética de entonces, como por su marcado realismo, capaz impregnar en todo televidente aquella escalofriante sensación de enfermedad, peligro, dolor y muerte inminente.

Y aunque la exitosa serie no lo mencionó, Cuba fue una de las protagonistas en la ayuda humanitaria a las víctimas de este accidente. La Isla protagonizó desde 1990 un amplio programa de socorro mediante el cual alrededor de 24 mil pacientes de Ucrania, Rusia, Bielorrusia, Moldavia y Armenia fueron tratados en el Hospital Pediátrico de Tarará, La Habana.

La analogía entre este horrible suceso y la pandemia que hoy nos aqueja es evidente. La construcción del llamado 'sarcófago seguro' para controlar las emisiones de gases radioactivos a la atmósfera fue resultado del apoyo mutuo de muchos países. ¿Y qué mejor forma de homenajear hoy a todos aquellos salvadores que con disciplina, valentía y responsabilidad ante la Covid-19?

Es momento de evocar a Chernóbil, pensar en sus héroes, en aquellos hombres que sin pensarlo se enfrentaron por el prójimo. De nada sirve atacar gobiernos, buscar culpables o dejar desprovistos a quienes más apoyo necesitan. Cual liquidadores, nuestros médicos luchan por erradicar la pandemia que nos aqueja. Pongamos en cuarentena a la política, al egoísmo, a la indiferencia y hagamos, de este, otro vivo recuerdo de la solidaridad que nos caracteriza. (Por: Yadiel Barbón Salgado, estudiante de Periodismo )

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