Contagiado, recuperado e incorporado a la Zona Roja

Contagiado, recuperado e  incorporado a la Zona Roja

Los valientes caen, desfallecen en medio de la batalla pero jamás se rinden y ese es el caso de este médico matancero que luego de sufrir los embates de la Covid-19 se levantó y volvió a la Zona Roja del hospital militar Mario Muñoz Monroy de Matanzas para continuar luchando contra la pandemia.

Yuniel Arocha Molina, especialista de segundo grado en Medicina Interna es el jefe de la Brigada médica que permanece en activo en la Zona Roja del centro hospitalario desde el pasado 11 de junio.

Yuniel dirige un equipo conformado por 22 profesionales de la Salud, entre los que se encuentran especialistas, residentes e intensivistas. Por tercera ocasión este equipo médico regresa a la primera línea de combate y pasará a sus memorias como el “team” que pasó fechas tan significativas como el Día de los Padres y el de las Madres en el ejercicio de salvar vidas lejos de sus familiares.

Arocha Molina pasa un mes de junio alejado de sus seres queridos, el más pequeño de sus dos hijos cumplió 19 años y la felicitación sólo se recibe en la distancia que marca la red telefónica, sin embargo todos los sinsabores significan menos que la dicha de saberse un enemigo eficaz para la propagación de la pandemia. En entrevista a Radio 26, el médico que despidió a los últimos pacientes de la Covid-19 en Matanzas confesó:

-¿El momento más difícil?:

– “Cuando me contagié de la Covid -19 en mi primera vuelta de servicio médico. Una enfermedad desconocida, y un médico jamás se prepara para ser paciente, pero luché por recuperarme y volver tranquilo y más precavido a luchar por la vida de otras personas. Creo que enfermarme me acercó mucho más a mirar de cerca esta enfermedad y a comprometerme demasiado con las vidas humanas ante este virus”.

-¿El trabajo compartido es menos agotador?:

–“Nos percatamos que la integración de especialidades y de profesionales de todos los territorios de la provincia, además de mejorar las condiciones de trabajo, devino en integración social del personal médico del territorio, y la especialización podía o no, por separado, atender los padecimientos individuales de cada enfermo. Para mí la experiencia ha resultado grata y educativa, principalmente porque considero que hemos sido durante esta etapa profesionales en perfeccionamiento”.

Con una sonrisa marcada encima de la mascarilla y la esperanza de no volver a atender pacientes con el virus Sars-CoV-2, el especialista en segundo grado de Medicina Interna promete a su pueblo, regresar a ésta u otras salas del hospital, cuando el país o la humanidad necesiten de su asistencia. (Por Jessica Rufin Hernández)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *