Cuando el tiempo pase

Y el tiempo pasa. Me refiero a un comentario que publiqué hace algunas semanas acerca del coronavirus y su desaparición de la sociedad cubana gracias a la ciencia y a quienes entregan abnegación y sabiduría con acierto: todo el personal de Salud.

Y a ese importante ejército de voluntarios provenientes de distintas funciones prestos siempre a servir a la causa de sus paisanos, máxime cuando la salud y la vida ocupan posiciones esenciales.

 Dije entonces que más tarde que nunca pasaría a la historia el mal momento que tantas vidas arrancó del seno familiar en diferentes territorios de la nación y el mundo, dejando siempre una huella indeleble, pero también a un pueblo mejor preparado en todos los sentidos, en particular, con mucho sentimiento hacia quienes padecieron el mal, y por aquellos que cada día brindaron sus mayores energías, al extremo del riesgo personal, por salvar a los demás, o apoyar la causa desde sus frentes de batalla, sobre todo en la producción y distribución de alimentos.

No obstante ubicarse la provincia de Matanzas, desde este martes 23 de junio, entre las que dieron el primer paso hacia la normalización, pues quedan todavía otros dos también vitales, que nadie se llame a engaño ni se descuide, el virus letal está ahí, como se dice, detrás de la puerta, a la espera de cualquier descuido erróneo, de imprevisibles consecuencias.

El cuidado personal en casa, la vía pública o en el centro laboral o comercial constituyen lugares donde puede estar agazapada la Covid-19 para dar el zarpazo mortal. No hay que verlo de otra forma, por muy cruda que parezca la expresión. Se ha dado un paso importante, y debe sostenerse, porque muy sensible resultó llegar a él.

Niños, adolescentes, jóvenes y adultos de todas las edades sufrieron por estos días las dolencias ocasionadas por la Covid-19, en lo familiar, vecindad y allende sus fronteras. Hay que evitar a toda costa que haya un retroceso.

Para lograrlo basta cumplir las indicaciones higiénico-sanitarias, como hasta ahora, en toda su magnitud. El tiempo pasa y debemos fortalecer el trabajo que entre todos realizamos para mejorar la situación. Nadie tiene derecho a violentar el derecho a perpetuar la salud y la vida de los demás.

Que el aplauso se extienda a todos por igual, para quienes también cumplieron con las orientaciones impartidas por la máxima dirección del Estado cubano, y gracias a ello no ha estado inerme ante el coronavirus.

Que el tiempo pase, y con él cada uno de nosotros, para con los aportes científicos alcanzar el segundo escalón y el tercero. Todos lo merecemos. He andado y andado los caminos que conducen por el bien, porque logré escapar, hasta ahora, del mal, pero no olvido que, como asegura un viejo refrán: quien no escucha consejos no llega a viejo, y aunque esté desde hace rato en este último grupo, considero no haber llegado al fin todavía, y poder continuar junto a ustedes, si me lo permiten, enfrentando, por la vía posible, al terrible virus.

Cuando el tiempo pase volveremos a estar juntos en estadios, parques, cines, y demás lugares públicos, porque el cuidado fue primordial, absoluto. Aplausos para ustedes también. Lo merecen junto a quienes ilustraron al mundo con sus batas blancas y su hacer estoico.

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