Dinero roto, ¿botarlo o cambiarlo?

Dinero roto, ¿botarlo o cambiarlo?
El dinero en cup o en cuc se puede cambiar en las sucursales bancarias sin costo alguno para el cliente.

Apenado se acerca el dependiente. Nos dice: lo siento, pero revisen si tienen otro billete, es que este está rajado en una esquina y no nos dejan aceptarlo. Nos quedamos todos anonadados, él muy amable, nosotros desconcertados. Por suerte, teníamos otro, si no…

Nuestra historia no es única, muchos se ven ante la disyuntiva de no poder llevarse el producto. Wilbert Acosta Manso tuvo que dejar el detergente en la tienda. “Cuando fui a pagar simplemente no me lo aceptaron, le faltaba una esquina. Iba con el dinero justo, y al regresar ya se había acabado. Me tocó vivir una experiencia nefasta. Me siento desorientado, no sé si se trató de una casualidad o si es lo correcto”.

BANDEC ACLARA

Acerca del tema existe muchísimo desconocimiento y desinformación. Greter Hernández Naranjo, jefa del departamento provincial de caja, BANDEC Matanzas, explica:  “En la clasificación de dinero deteriorado figuran los billetes rotos, manchados, escritos, pegados con cinta adhesiva transparente; similar sucede con las monedas manchadas u oxidadas. Los más cambiados son los billetes de uno, tres, cinco y diez pesos, o sea, los de bajas denominaciones.

Dinero roto, ¿botarlo o cambiarlo?
Las monedas, oxidadas o manchadas, también pueden ser canjeadas por otras útiles siempre y cuando no estén mutiladas.

“El proceso comienza con la recepción en las sucursales bancarias, luego se trasladan al departamento provincial y finalmente lo entregamos al Banco Central, responsables ellos de destruirlos.”

Marta Sánchez Martínez tiene en su poder uno de 50 pesos escrito con disímiles figuras. “Me lo dieron en un vuelto y con la premura no revisé. Ya es como una reliquia, soy sincera jamás he cambiado y no tengo idea cómo hacerlo. Pero me niego a perder mi tiempo haciendo cola en el banco, realmente llevo casi un año con él en el monedero”.

Mientras, Noel Valladares, cuentrapropista, refiere: “Soy bastante quisquilloso. Reviso siempre el pago y si tiene algo, no lo acepto, es que luego me toca a mí ir al banco y hacer la cola. En mi negocio el tiempo es oro”.

En contraparte, a Maritza Galbén Díaz no le ha quedado otro remedio que ceder. “A veces te llega un cliente, te paga y lo hace con uno escrito o roto. Te queda la opción de preguntarle si tiene más, casi siempre te dicen que no y ante la disyuntiva de vender o perder un cliente potencial, mejor voy al banco y hago yo misma las gestiones luego”.

Al respecto, la especialista de Bandec aclara que cuando es mínimo el deterioro se aceptan en los centros comerciales sin embargo, de no hacerlo las personas siempre cuentan con la opción de llegarse a sus sucursales ubicadas en Ayuntamiento entre Medio y Milanés; y la otra  en Jovellanos esquina Milanés; también las del Banco Popular de Ahorro. Solo hacer la cola para la caja y el procedimiento después es simple.

Ahonda María de los Ángeles Castillo Santos, jefa de caja de Bandec 3461, que al centro llegan pocos matanceros. “Atendemos principalmente entidades jurídicas, escasas personas naturales llegan acá. Traen billetes rotos, escritos, muy sucios. Cuestiones que denotan la irresponsabilidad ciudadana, y que poco o nada tiene que ver con la mala calidad del papel, sino del descuido y hasta la desidia.

“Incluso hemos atendido clientes que lavaron y despedazaron el billete, esto se trata como mutilado y debemos reconstruirlo a partir de un modelo. Resulta indispensable que se vea bien el número de serie, y posea todos los requisitos evidenciando así su legitimidad. Recuerdo siempre casos difíciles, no siempre asimilan bien las explicaciones y han tratado de cambiar pegando ambas partes, luego lo analizamos y nos percatamos que la serie no se corresponde, y eso indica que no pertenecen ambas partes al mismo billete.”

Rosa Pérez Lucena se siente perdida. “Es tan usual tener dinero en mal estado. Solo los cajeros los entregan nuevecitos y es bastante difícil llegar del trabajo e ir a un banco, o destinar un día para ello. A veces prefiero dejarlo por ahí o tratar de devolvérselo a alguien que me lo quiera aceptar o no se dé cuenta”.

Junior Bello Suárez confiesa que cuando tiene alguno lo da en la guagua. “Los choferes no prestan atención y aprovecho, te imaginas destinar parte de mi tiempo a ir a las sucursales bancarias. Entiendo que si los comercios estatales aceptan estos les es más fácil al país recuperar todo el dinero en mal estado mediante los depósitos.”

“Se debería multar a quienes escriben cadenas de oraciones y cuanta bobería se les ocurre en los billetes. He visto hasta falta de respeto con los mártires, lo peor es que casi siempre quienes los portan no son los infractores, sino los incautos. Presiento que todo debe pasar por la conciencia, por la civilidad de cada cubano”, admite Jenifer Corzo Medina.

Cada mes las sucursales bancarias cambian miles de pesos, sin costo  alguno al ciudadano pero sí para el Estado. Ganar en conciencia o adoptar medidas que frenen un accionar irresponsable impera. También, crear basamentos legales que erradiquen la nebulosa de si aceptarlo o no según percepción o estado de ánimo.

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