Dostoievski, un tango y los úrsidos de Kamchatka

El texto, publicado por la Editorial Casa de las Américas en 2018, reúne diez cuentos.

A veces la vida es como un bandoneón, de esos de los que llevaron los emigrados alemanes a la tierra del “che, boludo” a principios del siglo XX y terminó convirtiéndose en instrumento sagrado. Sagrado, sí, pero ya no más de iglesias evangélicas, sino para las desgarradoras voces del tango, para los que viven en las pasiones terribles. La vida parece un tango a veces, llena de calamidades en medio del patetismo más raigal.

El bandoneón no existía y en el Río de la Plata lo hicieron historia inoculándolo en la música, el baile, el sentimiento de vivir. A la vida, como al bandoneón, hay que exprimirla para que cuente, para que deje entrever sus enlaces más incomprensibles, caóticos, funestos. Cuando se lee Todas las patas en el aire, libro de cuentos de Rafael de Águila, se puede escuchar el patetismo del tango, el caos de la existencia y lo ridículo del amor: una caja de la vida condensada donde cada relato es una sonoridad profunda que llega de los más cotidianos tormentos que por nuestras cabezas rondan.

El texto, publicado por la Editorial Casa de las Américas en 2018, reúne diez cuentos que van tejiendo una trama subrepticia por todo el libro, hilvanando puntos medulares en las rupturas apocalípticas, el amor tóxico, la fatalidad y la tragedia inevitable de personajes que van edificando sus mundos sobre vicios, obsesiones y perversión sublime.

El acelerado, cortante y agudo ritmo narrativo serán el leitmotiv de las historias. La infidelidad más burda, las escenas de erotismo intencionalmente grotescas y la introspección amorosamente obsesiva de sus personajes serán una constante en cada historia, construidas sobre conflictos universales, pero abordadas desde enfoques surrealistas los menos y estrafalarios los más.

Quizás el bandoneón que en la voz de un tango llega es el que permite enlazar El idiota de Fiodor Dostoievski con la revelación de una enfermedad terrible; el retorno de un amor obsesivo con los osos de la península de Kamchatka; el afán yermo de un tesoro inexistente con los ojos avariciosos de quienes solo quieren vivir para beber; las lágrimas de una puta nostálgica con las alas de una mariposa en el Atlántico Norte. Rafael de Águila une lo distante, llena de intertextualidades el texto, satura con préstamos idiomáticos al lector; crea ambientes intermedios entre la realidad y la introspección desde la acción que avanza y el psicodélico mundo de los hombres rumiantes intelectuales y de las mujeres fatales.

El bandoneón une geografías. El nudo del mundo es Cuba y su corazón gordiano es La Habana, y los lazos llegan hasta Holanda, Rusia, Argentina. Siempre Cuba, siempre la sensación de lugares comunes que intentan sellar sentencias sobre la nacionalidad de este pueblo, la virtud ausente y presente a la vez, el rozamiento político, el apotegma popular. Todo el tiempo se siente esa sentencia que define al cubano como un pueblo que vive en una Isla, pero con suspiros cabalgantes de todo el mundo.

El cuaderno, ganador del Premio Literario Casa de las Américas en la categoría de cuento en 2018, logra reunir nociones tecnológicas novedosas; pule las visiones de un autor nacido en la década del 60 del pasado siglo y enfrenta con dignidad y timidez la presencia de los espacios signados por las tecnologías y las redes sociales digitales cada vez más en nuestro país.

Cada cuento es directo, cargado, profundo y golpeador terrible de la trama que aborda. Su intención marcada es describir mediante la consternación y un ambiente delirante, las historias y realidades de personajes agónicos que enfrentarán lo grotesco, lo sublime, lo ridículo y los giros cáusticos marcados unas veces por la sangre y otras por la puerilidad advenediza del semen.

¿Qué encontrará el lector en Todas las patas en el aire? Precisamente eso, un mundo de giros en todos los grados posibles, histrionismo incendiario y muerte sin par, todo eso durante los primeros nueve cuentos. En el último encontrará los días de la patria y la historia desde otra óptica.

Diez historias y las manos de Rafael de Águila sobre el bandoneón para contarlas, diez historias de tango, diez tangos. Una sola nación: Cuba, una sola pasión: la vida desenfrenada. Un leitmotiv cuyo erotismo dicotómico atravesó nuestros ojos todo el tiempo: la mujer. (Por: Raúl Escalona Abella, estudiante de periodismo)

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