El cronista de Baraguá

El cronista de Baraguá
La Protesta de Baraguá ejemplo de intransigencia revolucionaria se mantiene vigente gracias a quienes relataron el hecho.

- Guarde usted esos documentos.- dijo Antonio Maceo.

- ¿Entonces, no nos entendemos?- preguntó Arsenio Martínez Campos.

- No nos entendemos.

El anterior fragmento de diálogo lo conocen todos los cubanos. Está en cada libro de historia del país y en las calles se emplea cuando en una disputa no se aceptan términos medios. Resulta la criollización de “el todo o nada”.

Ríos de léxico, tinta y, en la actualidad, bytes se han empleado para referirse a la Protesta de Baraguá. Nadie niega su importancia como una reafirmación del carácter irredento de los isleños; sin embargo, poco se habla de cómo llegó el relato a nuestros oídos, cuadernos y Personal Computers (PC). Este texto trata de rendirle culto, por lo menos a una de esas personas que posibilitaron que la pureza del acto arribara hasta nuestros días.

El cronista de Baraguá
Fernando Figueredo Socarrás.

Fernando Figueredo Socarrás, de origen camagüeyano, estudiaba ingeniería civil en los Estados Unidos cuando se enteró que después de mucho tiempo al fin había comenzado la lucha armada por la independencia de Cuba y enseguida embarca hacia la Isla. Fue secretario de Carlos Manuel de Céspedes y participó en la toma primero y luego en el incendio de Bayamo.

Cuando la mayoría de los mambises se arrodillaron por el cansancio que provoca la sobreexposición a la pólvora y por no concluir que no hay región más sacra que la propia Cuba, Figueredo, aún en pie, se une a las tropas de Antonio Maceo. Observó cuando por dignidad mandaron a volar a Martínez Campo en Baraguá con Pacto de Zanjón y todo.

En el período de la Tregua Fecunda realizó una ardua labor como activista político a favor de la liberación de la Mayor de las Antillas. A través de ella conoció a José Martí quien lo nombra subdelegado del Partido Revolucionario Cubano en Tampa. No combate en la contienda del 1895 porque se mantiene en los Estados Unidos para recaudar fondos y organizar expediciones. El Apóstol diría sobre él que “envainó la espada sin rendir el corazón”. 

Entre 1882 y 1885 dicta una serie de conferencias donde resume sus vivencias durante la guerra grande que luego en la República reúne en el libro la Revolución de Yara. Este volumen se escribió desde la memoria fraguada con el fuego de los mausers, no desde la seguridad de quien lee empolvados documentos y trata de hacer la sangre y la pasión circular por él con la imaginación. De ahí su gran valor.

El ingeniero, el patriota, el funcionario público, el cronista de la Protesta de Baraguá, Fernando Figueredo Socarrás, no vivió en la sombra de la historia, sino que hizo historia con el puño y con la letra.  (Fotos de Internet)      

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *