Sábado, 16 de diciembre de 2017

Irma y la esperanza que permanece

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#MatanzasSeRecupera: Irma y la esperanza que permanece

Es en las contingencias, en los momentos más difíciles, cuando se logra medir la calidad humana del cubano, y ese rasgo suyo que le hace salir ileso ante cualquier desventura: la medida insuperable de su esperanza. Lo sentí en mi barrio en estos días huracanados, cuando Irma, un nombre bastante común en cualquier vecindario, se transformó en preocupación y desvelo para los matanceros.

 

Cuando su trayectoria anunciaba su paso irremediable sobre la ciudad costera de Matanzas, miles de yumurinos, como también se le conoce a los nacidos y criados en estas riberas por el nombre de uno de sus ríos, apelaron a esa actitud tan hija de las carencias: el acaparamiento.

 

La principal arteria de la Ciudad, la Calle de Medio se transformó en un hervidero de personas con velas en las manos. Cualquiera pensaría que se trataba de una procesión religiosa, sobre todo si tomamos en cuenta que cada 7 de septiembre se celebra en Cuba el  día de la Virgen de Regla y el 8 el  Día de la Caridad del Cobre. Pero no. Esta vez las velas no solo estarían destinadas al altar, también a los estragos que siempre deja un evento meteorológico de la magnitud de un huracán. Permitirían  alumbrarse tras el seguro y molesto apagón que siempre trae aparejado un ciclón. Aunque nadie dude que más de uno le rezara a la Virgen.

 

Pero desde antes de llegar el meteoro, ya el ingenio del cubano se hacía sentir. Algunos celebraron que el nombre de este fuera el de una mujer, ya que las damas siempre toman todas las precauciones guiadas por ese sexto sentido que siempre llevan en la cartera. (En otro momento escribiremos de las carteras femeninas).

 

“Menos mal que Irma tiene nombre de mujer, por eso pasó a principios de mes, coincidiendo con la fecha del salario de muchos cubanos”, dijo una joven mientras llevaba en sus manos varias bolsas de galletas y latas de conserva, alimentos duraderos.

 

Porque ese es uno de los principales dolores de cabeza tras el paso de un huracán. ¿Cómo conservar los alimentos ante el extenso apagón?

 

Muchos apelarán a aquellas prácticas campesinas de freír todas las carnes y conservarlas en manteca de cerdo; otros la mantendrán sazonadas con abundante ácido natural, y según pasen los días irán consumiendo los productos. Seguramente en esos días será cuando más plato fuerte se consuma en los hogares cubanos, porque como bien dice mi vecino Eduardo, más conocido por Cocó, “es mejor sufrir una ingesta que se eche a perder la carne”.

 

Con el apagón, que siempre deja la furia de los vientos por los postes y cables derribados, llega el mal de la sed constante. Es cuando más se extraña el agua fría. Dieras tu reino, y tres muslos de pollo con un que otro bistecito, por un pomo de agua congelada.

 

Con la irrupción de las nuevas tecnologías surgen otros problemas, a los cuales el Estado tendrá que buscarle alguna solución en el futuro, porque si algo tenemos seguro en esta vida es el paso de un ciclón de vez en vez, y es cuando más se descargan las baterías de los teléfonos celulares.

 

Como el país asegura el funcionamiento de centros priorizados de salud con la puesta en marcha de equipos electrógenos, en esta ocasión en el policlínico de mi cuadra acudieron decenas de vecinos con un ser querido exánime, me refiero a sus celulares, y una que otra laptop o lámpara recargable.

 

Las luces del Samuel Fernández atraían a los vecinos como insectos a una lámpara. Y el operador del equipo electrógeno dudaba entre llamar a la policía por el tumulto en la puerta, o acceder a los pedidos clementes de los vecinos, porque a la larga, son vecinos.

 

Mientras, a un costado del centro de salud, otros se desentendían del apagón como mejor podían, entablando una data de dominó. Como mesa un cartón de refrigerador moderno, como lámparas, los celulares cargados en… bueno… cargados.

 

Fue tal la alegría que produjo el dominó el domingo en la noche que por un momento nadie pensó en los alimentos descongelados próximos a la descomposición, ni en los días sin electricidad, ni en las tantas matas de aguacates destruidas, lo que augura que en el próximo año el fruto costará más que la carne de cerdo.

 

La noche del lunes también especial en la calle Luís Cuní del barrio La Playa. Del tractor de un vecino conectaron un cable a un pequeño bombillo de 12 W. Nadie pensó en otra cosa que en jugar dominó lo mejor posible para permanecer en la mesa de cartón.

 

Y justo en ese momento, cuando nadie lo esperaba, cuando ya estaban acostumbrado, o resignados y alegres, a la idea de dormir otra noche a oscuras y sin ventilador, mientras nadie pensaba ya en el agua fría ante cada trago ardiente de wisky, (sí, wisky) ¡Sucedió el prodigio! ¡Los adultos saltaron y gritaron como niños! ¡Se escucharon frases patrióticas! ¡Se hizo la luz! Algunos salieron corriendo para encender el refrigerador y guardar la carne adobada, otros para encender el televisor, y la mesa improvisada de dominó quedó sola, entonces la lista donde se anotaban las datas cayó al suelo…y allí permaneció hasta la mañana siguiente, como ejemplo fehaciente de la esperanza del cubano, esa que nunca muere ni bajo las rachas más violentas del más fuerte huracán. 

 

 

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Raúl Torres - Laureles y Olivos

 

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