Hallazgos

Hemos redescubierto el mundo. No lo digo solamente por las cuatro paredes en las que ahora deben sobrevivir los sueños, ni por las estadísticas que traducen el lenguaje de la muerte, ni porque llevar el rostro adherido al nasobuco se esté convirtiendo en una costumbre al punto de sentir una sensación de desnudez cuando los labios están desenmascarados.

Estamos redescubriendo el mundo. Junto a las miserias del alma que afloran en tiempos de catarsis, se manifiesta también una progresión de nuestra esencia humana ante esa vulnerabilidad que nos une más allá de riquezas ocultas bajo la almohada, apellidos ilustres…

Sin siquiera percibirlo, algunos han dejado de mirar por encima del hombro al hombre cómplice de lo “común”, que ahora revela la grandeza solapada de una escoba apartando la suciedad de las calles, las manos consagradas al fuego de la cocina para mitigar el hambre o las que apartan la infección de las telas para que alguien pueda revestirse y salvar.

Hoy las profesiones se trastocan, se difuminan los títulos académicos de maestros, deportistas, promotores culturales, que se adentran en la escena íntima de un hogar para para acercar alimentos a los más cargados de años y soledad.

Como si cada letra hubiese sido estampada en este tiempo, releemos a Martí para comprender que “los hombres necesitan quien les mueva a menudo la compasión en el pecho y las lágrimas en los ojos; y les haga el supremo bien de sentirse generosos”. Por eso solo los cobardes e indiferentes tildan de locos a quienes donan lo que con tantos obstáculos lograron sacarle a la tierra o aquellos que se ofrecen como voluntarios frente al rostro amenazador de la enfermedad que aísla, divide familias, intimida con el adiós sin despedida.

Estamos redescubriendo el mundo. Constatamos que elegir cualquier carrera del sector de la salud no es una decisión que deba tomarse bajo presión de los padres, modas o desenfreno juvenil, porque debe sentirse, abrazarse sin renuncias ni miedos ni horarios.

Ojalá que estos hallazgos nos devuelvan un alma más limpia, que no nos enrolemos en una lucha ciega por la supervivencia, sino que procuremos existir desde el servicio al otro, hoy que descubrimos que cada profesión debe consagrarse al mismo propósito: la vida.

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