La playa: el destino más peligroso de la primera fase

¿Cómo será el nuevo turismo en las playas?
Hoy en día resulta difícil imaginar cómo será todo, incluso el turismo en las playas, en la época post-pandemia.

Aquel lunes en la noche devolvió la alegría a los matanceros. Algunos inundaron de abrazos y besos a la gente de la casa, otros avisaron a los vecinos más despistados, muchos llamaron por teléfono a la familia “del campo” pues con el restablecimiento del transporte intermunicipal podrían volver a reunirse respetando las medidas higiénicas. Los más viejos aún continuaban recelosos: -No hay que confiarse, a pesar de la disminución de casos la enfermedad persiste.

Los yumurinos ansiábamos la llegada de la primera fase a la nueva normalidad que permanecerá en toda Cuba y el planeta a causa del nuevo coronavirus. Más de cien días trabajando, estudiando y realizando otras labores desde casa marcaron la cotidianidad; por lo que resultaba perfectamente entendible que al proclamar una ligera apertura de algunos servicios, aquellos que cumplieron con el aislamiento social se tomaran unas vacaciones del encierro y la incertidumbre.

Los meses de julio y agosto, que coinciden con el verano en la Isla, se convertían en los mejores aliados para cumplir con aquellos proyectos y actividades que habían quedado pausadas desde finales del mes de marzo.

Uno de los principales atractivos resulta sin dudas el mar, y las costas norte y sur de la provincia comenzaron con el transitar típico de esta etapa del año. El Tenis, una de las playas más concurridas de la ciudad yumurina acogía a personas de diferentes edades para como cada verano disfrutar del ambiente. Y tal como pidiera la dirección del país, durante la primera semana la disciplina y las medidas higiénicas se convirtieron en obligación para los presentes. Sin embargo una situación totalmente diferente predominó durante la jornada de domingo último. Cientos de personas, sobre todo jóvenes, colmaron las áreas principales de comercio, la gastronomía y el  deporte.

Durante la comparecencia del Primer Ministro cubano en el programa televisivo Mesa Redonda, explicaba que durante la primera fase de la recuperación post Covid-19, se “permitiría el acceso a las playas, limitando agrupaciones de varias personas”, y se organizarían trabajadores de la PNR y equipos de voluntarios que “colaboraran con el cumplimiento de las medidas relacionadas con la disciplina y el distanciamiento físico”; y aunque las fuerzas del orden público intentaron mantener las distancias entre los grupos de familias y amigos reunidos, en horario de la tarde, El Tenis se convirtió en el espacio oportuno para la transmisión del virus teniendo en cuenta que muchos de los presentes, en una zona que reunió a cientos de matanceros, prescindían de la utilización del nasobuco a pesar de las miradas de reproche de quienes se acompañaban de niños y adultos mayores.

¿Acaso durante la primera fase no se orientaría a las personas  hacia otros destinos cuando la playa alcanzara el máximo de la cantidad de bañistas permisible? ¿Cómo controlar el derecho de los cubanos a disfrutar del agua salada? ¿Tres meses no fueron suficientes para comprender la necesidad de mantenerse aislado y respetar las orientaciones sanitarias? ¿Estamos conscientes los matanceros de las consecuencias de estas actitudes?

Para nada este es un intento de prohibir. Estamos en momentos en que la salud humana constituye el más importante y preciado tesoro; protegernos y proteger al resto debe constituir hoy más que nunca la palabra de orden.

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