Un brindis por Sigfredo

Un poeta murió en La Habana a cien kilómetros de aquí el 26 de julio del 2020. Todos sus amigos matanceros concuerdan que era un ser de luz. Todos sus amigos se encontraron tres días después en una Sala de la Uneac. Todos sus amigos cargaban alguno de sus poemarios y recitaron alguno de sus poemas. Todos sus amigos brindaron por su alma con un trago de ron.

“Sigfredo en estos momentos debe estar burlándose de nosotros por este homenaje, por poner una foto de él y colocarle azucenas; era una persona muy terrenal, alejada de cualquier circunspección, muy cubano”, comenta uno de esos amigos, el escritor y editor Alfredo Zaldívar,  director de Ediciones Matanzas. 

El Miércoles de Poesía, un espacio que lleva más de cuarenta años, y por donde han transitado algunos de los bardos más importantes de la Isla y Latinoamérica, le correspondía a la poeta Yanira Marimón, pero ante la necesidad, no de lamentar una muerte, sino para hablar de un señor tan vivo que la muerte parece una invención para asustar niños traviesos, decidió cederle el espacio a Sigfredo Ariel.

Nacido en Santa Clara fue poeta – oficio que signó su existencia, por ello la constante repetición -, dibujante, crítico y estudioso de la música popular cubana, realizador radial, de cine y televisión. 

Él a través de su trayectoria artística estuvo muy unido a la tierra yumurina: “Tanto en Ediciones Vigía como en Matanzas siempre fue muy cercano a nosotros con sus ilustraciones, como jurado en diferentes premios, como autor. Vino mucho a la ciudad. Su presencia en los eventos que organizábamos era casi obligatoria y cuando no lo invitábamos, se enojaba y aparecía; en fin, era uno de nosotros”, agrega Zaldívar.

Esta proximidad continúa dado que su última obra publicada en vida “Todos los hierros”, ganó el premio Milanés de poesía y se publicó en Ediciones Matanzas con edición de Yanira Marimón y diseño de Johan Trujillo.

En los compendios de literatura que se escriban a partir de ahora, se le reconocerá como uno de los poetas más importante de la década del 80, se hará una enumeración de premios - los de la Gaceta de Cuba, los de El Caimán Barbudo - y reconocimientos, como la Distinción por la Cultura Nacional, y en un pie de página seguro habrá una pequeña ficha; sin embargo, solo será letra muerta, porque lo que de verdad importa queda en los recuerdos de los amigos que un miércoles cualquiera se reunieron para brindar con un trago por su alma.   

Entonces ¿Cuánta poesía hace falta para que crezcan las flores del camposanto?... Tal vez solo la luz, bróder, la luz.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *