Lo mejor de los mejores

Lo mejor de los mejores

Hay una imagen muy elocuente creada por el artista callejero Banksy que circula por estos días en las redes sociales. Se trata de un tributo al desempeño del personal de salud en todo el mundo ante la actual emergencia sanitaria causada por la pandemia de COVID-19.

La obra muestra a un niño que juega con una muñeca vestida como enfermera, mientras las figuras de acción de Spiderman y Batman yacen olvidados en un cesto. Más claro ni el agua: los verdaderos héroes de estos días no usan capas ni vistosos atuendos ajustados, sino mascarillas, batas, guantes, gafas protectoras, trajes herméticos y cuanto sea necesario para no contagiarse mientras salvan las vidas de los enfermos.

En todas partes la epidemia saca lo peor de los peores y lo mejor de los mejores. Médicos, enfermeras, epidemiólogos, técnicos, investigadores se muestran a la altura del enorme desafío. Tras eternas jornadas de trabajo sus rostros lucen marcas de cansancio que parecen puñetazos. Nunca antes como ahora dependemos tanto de todos ellos.

Son muchos quienes, en su propio país, le plantan cara a la epidemia que ya suma más de cuatro millones de contagiados en el planeta. Los hay que lo dejan todo atrás para irse a otras tierras a salvar vidas de gente desconocida: es la suprema medida de la solidaridad, del altruismo. Su vocación es auténtica y está muy por encima de cualquier filiación política, de cualquier consigna.Todo nos parece insuficiente para recompensar semejante dedicación.

Hasta los estudiantes de las ciencias médicas han tenido que crecerse antes de tiempo: al igual que los profesionales del sector en Cuba los alumnos recorren campos y ciudades en la pesquisa activa para detectar a pacientes con sintomatología respiratoria. La COVID-19 es su bautizo de fuego.

Pero para ser héroes en estos tiempos no es imprescindible vestir la bata blanca. Aunque no parezca muy épico que digamos, a menudo basta con actuar responsablemente para estar a salvo y de ese modo cuidar a los demás. Por cada ciudadano negligente hay decenas de personas conscientes que contribuyen al bienestar de todos simplemente con extremar la higiene, mantener la distancia social establecida, y quedarse en casa el mayor tiempo posible.

Si bien es cierto que el coronavirus pone de manifiesto nuestras debilidades como civilización también saca a relucir fortalezas como el talento científico o la solidaridad.

La ayuda llega desde los lugares más insospechados: gobiernos y organizaciones movilizan recursos humanos y materiales, mujeres y hombres de ciencia ponen lo mejor de sí en la búsqueda de la preciada vacuna, más voluntarios se suman al trabajo en los centros de aislamiento, lo mucho y lo poco se comparte, se tienden nuevas manos para apoyar a los más vulnerables, las historias de dedicación y entrega se multiplican y nos inspiran.

Los profesionales del sector de las comunicaciones también se exponen en primera línea para presentarle al público los rostros de muchos héroes y heroínas en la lucha contra la COVID-19 y así sacarlos del anonimato. Su labor permite saber lo que sucede en tiempo real, y cuando todo acabe será esencial para reconstruir la gran narración de los sobrevivientes, el testimonio colectivo para las próximas generaciones.

Nada le resulta ajeno al arte, y menos un suceso que afecta a tanta gente. Iniciativas como los concursos de escritores en situación de onfinamiento se multiplican en estos días, como una forma de socializar experiencias e inquietudes creativas. Ahora que los museos están cerrados, una interesante propuesta alternativa se da a conocer bajo el título de Covid Art Museum, donde varios creadores dan a conocer sus obras inspiradas por el virus y sus consecuencias, mediante fotografías, diseños en 3D, dibujos, pinturas y vídeos entre otros formatos.

Merecen los aplausos a cualquier hora del día quienes garantizan la vitalidad de servicios esenciales, producen alimentos u otras mercancías indispensables, hacen posible el comercio aún en estas circunstancias, educan a distancia aún con las aulas cerradas, asisten a quienes no pueden valerse solos, permanecen en vela mientras otros duermen.

No será posible poner todos los nombres de los protagonistas de esta lucha en un monumento, sencillamente no alcanzaría el bronce ni el mármol, pero el mero hecho de que la humanidad salga victoriosa deberá bastar para entender la magnitud de su hazaña. (Tomado de TV Yumurí)

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