Los años no son más que giros del mundo

Ella se siente feliz rodeada de su familia, aunque extraña su independencia.
(Foto: Ramón Pacheco Salazar)

Juana vive en un pasillo. Un pasillo como otro cualquiera: con un Hosky Siberiano que te ladra desde un balcón y un pequinés que se esfuerza en metérsete dentro de las piernas para que tropieces, un cartel pintado en la pared que solicita que no boten la basura debajo de la ventana de una casa porque el mal olor molesta a los inquilinos y termina con un sentido gracias.

Por ese tramo de un ancho que no sobrepasará el metro y medio y los cinco metros de largo, cada mañana Juana arrastra su silla que coloca al final del mismo, en donde comienza la acera. Desde ahí contempla todo lo que sucede en la calle “quién sube, quién baja, la máquina, la guagua, el camión; miro lo que tengo mirar y lo que no tengo que mirar también”.

Allí la encontramos, cuando llegamos para hacerle una entrevista. Resulta una norma del sentido común nunca preguntarle a una mujer cuántos años tiene y si, por alguna casualidad, ella te lo confiesa, le debes responder que no aparenta esa cantidad de años. Sin embargo, con Juana esta norma de cortesía se vuelve una realidad. Ella no aparenta que en junio del 2019 cumplió los cien años.    

Los Beatles compusieron Happines is a warm gun. Maradona le dio la mano a Dios en el mundial de fútbol del 86. Rita Montaner alcanzó la fama con la canción El manicero. La bomba nuclear volvió Hiroshima en un gran hongo radioactivo. Julio Cortázar escribió La vuelta al día en 80 mundos. El pueblo de Stalingrado resistió durante 200 días el asedio de las tropas nazis. En un garaje de California Steve Wozniak y Steve Job crearon la primera computadora personal.

Su hija Rosa nos invita a su casa para que hablemos con más tranquilidad. Con el paso un poco vacilante, “yo me siento bien; lo único que tengo son problemas en la pierna”, explica la anciana mientras atravesamos el pasillo entre los ladridos del Hosky Siberiano. La hija por lo bajo nos comenta que “el médico le mandó a hacer reposo, pero dice ella que le va a decir al médico cuando lo vea que no tiene temperamento para hacer reposo“.

Ana Rosa Baró Díaz pronto cumplirá 101 años. (Foto: Ramón Pacheco Salazar)

Nos acomodamos en su sala y en lo que el fotógrafo la enfoca con la cámara ella muestra una sonrisa pilla. Juana no se llama Juana, sino Ana Rosa Baró Días. “Me dicen Juanita porque mi papá tenía que ponerme Juana Rosa por una hermana de él que murió en Estados Unidos, pero al final se decidió por Ana”. La hija acota que también es porque su cumpleaños es el 24 de junio, día de San Juan. 

Nació en Matanzas, “en Velarde entre América y Compostela”, especifica la anciana. Durante toda la conversación mencionaría una y otra vez los nombres de las calles donde vivió o trabajó de las dos ciudades que la signaron como si, por conocer cada una de sus direcciones se apropiara más de ellas.

Alexander Fleming descubre que el hongo Penicillium podía combatir las infecciones que corroen a los hombres por dentro. Tomás Gutiérrez Alea filma Memorias del Subdesarrollo. En Estados Unidos comienza el movimiento hippie y su flower power.  Miguel Matamoros nos enseña que los cantantes son de la loma, aunque canten en el llano.  

“Resulta que mi mamá tuvo la necesidad de irse para La Habana a trabajar, entonces me dejó con mi tío y mi abuela. Entonces, cuando cumplí 13 años, mi tío me entregó a mi papá, decía que yo era ya una muchachita que había estar arriba mío y que él no podía porque tenía que trabajar. La casa de mi papá era muy chiquita, así que él me llevó con mi abuela en La Habana Vieja, por allá por la calle Picota” narra Juana.

“Yo trabajé en casas particulares a los 16 años. Una tía mía con contactos con gente pudiente me llevó a trabajar con las sobrinas de Grau San Martín. Lo conocí en persona a él y a toda su familia”

Juana en su juventud fue una mujer hermosa, de mucha presencia. Nos cuenta que ella y su hermana trabajaron como modelos: la hermana de productos para lacear el pelo y ella, de bolsos y zapatos.

Neil Amstrong pisa por primera vez la Luna, o eso se dice, en 1969. En Cuba llegan los extraterrestres y ocasionan pánico; pero al final el platillo volador era de utilería y adentro solo había artistas que salieron de la escotilla mientras cantaban “Los marcianos llegaron ya, y llegaron bailando ricachá”. Ernesto Guevara recorre Latinoamérica en motocicleta junto a su amigo Alberto Granado. La India alcanza la independencia a través de la doctrina de la no violencia impulsada por Mahatma Gandhi.

Si algo no puede quitársele a Juana es lo bailado. Desde joven perseguía las fiestas, las descargas, los bembés. “Yo trabajaba, porque trabajabaaaa, durante la semana pero el sábado y el domingo eran para irme para la Verbena, para el Salón Rosado de la Tropical. Tú sabes cómo es la juventud, había mucho baile, mucha fiesta. Había que divertirse, porque todo no puede ser trabajo. Me priva la fiesta. Si ahora cuando vieja ponen una música buena ahí… – señala hacia el televisor - … de las orquestas antiguas, me desbarato.

 “Ella sí gozó”, afirma la hija “Cuando venía a visitarme de La Habana, ella se bajaba del tren de Hershy y se quedaba en La Marina de fiesta, después venía para la casa. Bueno…hace poco cuando la Aragón vino hubo que llevarla y no le dolía ni el pie ni la rodilla ni nada”.

“Yo conocí a Benny Moré en la playa allá en Marianao en el Niche que era un cabaret, cuando vino de su pueblo tocando guitarra antes que fuera famoso, él cantaba y tú le dabas lo que podías darle”, cuenta Juana.

Cuando triunfa la Revolución se involucra con el proceso. “Yo pertenecía al primer grupo de la milicia de Lidia Doce que se fundó en el 61, que la saya era azul y la camisa blanca, después es que llegó el verde olivo “, además trabajó muy cerca con  la Federación de Mujeres Cubanas y de Vilma Espín.

Cassius Clay cambia su nombre por Muhamad Alí y se vuelve campeón de los pesos pesados. La reina Victoria sube al trono del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte. José Lezama Lima publica Paradiso y Virgilio Piñera, el poema La isla en peso. El gobierno de los Estados Unidos arrasa con Napalm las selvas de Viet Nam.

Hace cuatro años Rosa debió traer a su madre engañada de La Habana para Matanzas, porque esta se negaba a perder su independencia; incluso en la capital había pedido una licencia de cuentapropista y se dedicaba a la vente de artículos religiosos; aunque en su cuello cuelguen varios collares la anciana dice que “ella cree a su manera“.

El año pasado por su cumpleaños cien, le organizaron una gran fiesta para lo que, incluso, cerraron la cuadra.  Este año, por el 101, ella esperaba su celebración “pero se presentó la enfermedad esta; iba a ser un motivito familiar, pero la nieta cogió el microbio ese y la tengo en aislamiento; aunque aún tengo la idea de hacer una descarguita aquí, entre los vecinos, para no perder la costumbre“.    

“Pienso comprar dos o tres cakes, croquetas y tengo un vino que me regalaron como hace 4 años que lo voy a echar pa lante. Me gusta la cerveza, pero no voy a tomar“, aunque creo que esto último ni ella misma lo cree mucho.

Juana nunca pensó que llegaría a los 100 años ni a los 101. Su mayor deseo es vivir sola, porque “a mí me domina quien yo quiera, no quien quiera“ y no soporta saberse impotente; así que libera su frustración desde su silla de vigía al final del pasillo. El constante transitar de personas y automóviles que sudan unos y los otros se calcinan con este principio de ultraverano tropical, los gritos de los niños de la escuela primaria cercana, ahora en silencio sepulcral, el paso fugaz de los perros callejeros le dicen que la vida continúa, que no se detiene y ella tampoco.

Con la firma del tratado de Versalles concluye la segunda Guerra Mundial. A Víctor Jara la dictadura chilena le corta las manos y la lengua para que no pueda cantar más. Orson Welles estrena El ciudadano Kane y la Orquesta Aragón te demanda que pagues lo que debes. En un siglo se han sucedido miles de hechos, países y regímenes se han alzado y han caído, la humanidad transitó de la era analógica a la digital, pero Ana Rosa Baró Díaz resiste con su sonrisa pilla.    

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