“Para mí, no existe lo imposible”

“Para mí, no existe lo imposible”

Greydys Santana Riera, quien hoy labora como jefa de taller de la Empresa Provincial de Alimentos es una cubana muy simple, aborda los temas sin rodeos, llamando cada cosa por su nombre y sabiéndose buena en el arte de la persuasión.

Parece frágil, pero en su trabajo se respeta. Despliega sus dotes de líder y conversa, conversa mucho. Llegué en pleno debate, había que tomar decisiones. Pensé: es un mal momento, sin embargo, en pocos minutos llegaron a un consenso.

“Este es mi día a día, aparecen mis especialistas, los clientes y debemos evaluar las mejores opciones. Hay que pensar en todos los detalles porque los recursos son limitados y no se pueden malgastar, o sea, si se puede resolver por ejemplo con un breaker de 100A por qué poner uno de 250A. Sí tenemos mucha sensibilidad a la hora de explicar, generamos confianza y satisfacción.

“Llegar a dirigir en un centro de este tipo, es difícil. Primero hay que lidiar con un grupo de hombres que no siempre aceptan el mando femenino, luego las carencias y lo más duro, crear un equipo de trabajo que despliegue siempre su creatividad y su capacidad de innovación.

“Para mí, no existe lo imposible”

“Nuestra tarea radica en reparar y propiciarle mantenimiento a las panaderías y dulcerías de toda la provincia. Antes las roturas duraban hasta semanas, hoy en menos de 24 horas lo solucionamos y todo ello mérito de mi equipo, integrado por profesionales de varias especialidades, incluso, hasta por dos jóvenes que apenas tienen 17 años. Fomento la responsabilidad, el sentido de pertenencia, el lograr objetivos comunes. No consiento la indiferencia ni el ¨no puedo¨. Escucho y así gano que me escuchen; respeto y a su vez me gano el respeto. En verdad, funcionamos muy bien, es como una familia y por eso nos salen tan bien los proyectos.

“Además, brindamos servicios a terceros y podría decir jocosamente que somos rescatistas de lo abandonado porque hemos puesto en marcha varios hornos que ya estaban desahuciados por algunas entidades.”

Lo cuenta con orgullo, me muestra fotos como si su mirada brillante y colmada de satisfacción no fuera suficiente. “Hace poco arreglamos el crematorio, imagina que antes debían trasladar los cadáveres hasta otras provincias lo cual significaba un desgaste de la familia y un gasto enorme para el país. Similar sucedió con el cárnico o la fábrica de barquillos, en fin, intentamos reinventarnos y buscar alternativas viables que enmienden el problema.”

Es buena conversando, amena, sencilla, afable. “Las mujeres somos muy capaces, no existe una tarea que se nos resista. Tengo dos hijos y debo combinar mi responsabilidad laboral con la maternidad, no es fácil, pero lo voy logrando. Intento ser ejemplo y despertar en ellos los mejores sentimientos. Recuerdo siempre con mucha satisfacción el día que mi hijo con nueve años descongeló el refrigerador y estaba en plena faena de limpieza un sábado mientras yo trabajaba. Cuando llegué y vi su disposición, realmente me sentí plena.

“Esas son las experiencias que quisiera compartir con las federadas a los hijos no se les puede hacer inútiles. Debemos dedicarles tiempo, escucharlos, aconsejarlos, pero a su vez ser exigentes.

“Nuestra organización debe oxigenarse continuamente, crear espacios funcionales y que las féminas se vean en ella, tengan su escape en ella. En mi barrio comencé a identificar las jóvenes desempleadas con el fin de ayudarlas a encontrar su vocación. Así me iré acercando a cada mujer que lo necesite y les mostraré desde mi experiencia que para nosotras no existen los imposibles…”


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