Un epitafio de 220 páginas

Un epitafio de 220 páginas

Conflictos y personajes a la medida de  una generación formada en los setenta, escenas de una época compleja magistralmente narradas, personajes e historias plasmados de suspicacia, de ese sentido único de cubanía, realidades poderosamente desgarradoras y una Habana que se muere constantemente, son solo una parte de lo que nos deja esa herida que Mirta Yáñez se ha decido a cerrar.

Una estructura magistralmente concebida mediante la superposición de personajes que dan nombre a cada capítulo, plagadas de sueños y frustraciones, vienen a conformar la historia central del texto, el relato de una generación y sus vivencias – imposibles de abandonar– a ratos nostálgicas, en otros permeada de una insistente ironía y sentenciadas por la muerte de La Difunta.

La novela, segunda de la autora y quizás la más poderosa, refleja no solo el dolor con que fue escrita – “la vida real no tiene banda sonora pero el pasado sí”–  sino que trae a la realidad una amalgama de circunstancias, marginaciones y rupturas para imbricarlos en la narración de un momento –digámoslo claramente– triste y complejo, una obra que, para quienes no lo vivimos, nos regala matices y se convierte en un relato mucho más parecido al descrito por nuestros padres.

Momentos mordaces de una Daontaon, con su comicidad por antonomasia mostrándonos su destreza para subsistir a la decadencia de Alamar, la nostalgia por los años 50 de Gertrudis, Yuya la sobreviviente, una Estela que reniega su cubanía, Lola desvariando, María Esther agonizando de cáncer o Martín por “una puñetera  primera línea”, representan esa constante retrospectiva que refleja no solo sus insatisfacciones pasadas sino el desconcierto con el presente.

Esa perfecta sintaxis de personajes y escenas, conjugada con el maravilloso y exquisito sentido del humor, la sutileza en el lenguaje y la dosis justa de pasión de quien escribe “un epitafio de 220 páginas”, colocan definitivamente a Sangra por la herida, y como es lógico a su autora, en un sitio privilegiado de las letras cubanas.

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