Un (Trump)azo al capitalismo

No es ciencia ficción, sino la pura realidad. Un enemigo silencioso desata su furia sobre el mundo, pone en tela de juicio los sistemas sanitarios internacionales y los valores de cada ser humano, a la vez que demuestra cuán fágiles e iguales somos sin importar sexo, raza, edad, nacion, religión, riqueza, pobreza. Ya sobrepasan los 6 millones los contagiados. Los fallecidos, en paz descansen. Y a pesar de la dureza de los tiempos que corren, todavía existe cierto régimen con aires de perfección autoinducida que atribuye mayor importancia a los ingresos económicos que a la preocupante situación epidemiológica sufrida por todos: el capitalismo. Sabido es cómo prolifera las redes una frase que lo acredita como "el verdadero virus de la raza humana" y motivos para  llegar a este calificativo no faltan.

El modo de producción que prioriza la ganancia y el bienestar individual se ha visto envuelto en una carrera contra el tiempo por la supervivencia. El capitalismo, más tenaz  que nunca en su afán de ganar la batalla, se vale de su fase superior imperialista y de la globalización neoliberal para asegurar su longevidad. Poco importa motivar más conflictos bélicos que aseguren más poderío económico por la carrera armamentista. Poco importa imponer sanciones a países en desacuerdo con sus gestiones sociopolíticas. Poco importa exprimir el medio ambiente hasta agotar sus recursos naturales. Y, sin embargo, poco sirven estas acciones ante la veloz propagación de la pandemia.

Entonces tenemos a Donald Trump, nada interesado en el bienestar de los países. Y menos del suyo propio. Su astucia se resume en la prórroga de su poder cuando, si la Covid-19 lo permite, noviembre decida el impuesto Sí o Sí para su reelección. Ante los medios se muestra fuerte, seguro, pero es obvio que su castillo de naipes muestra signos de derrumbe.

Iniciaba el 2020 y el coronavirus era solo una afección bien lejana del continente americano y de las proporciones con que se multiplica en estos momentos. Llovían las advertencias al gobierno estadounidense, pero como la prepotencia es más fuerte que la providencia, una "simple gripe" no iba a mellar la supremacía de la mayor economía mundial. De eso no había duda. ¿O sí? Once días se le escaparon a marzo para que la Organización Mundial de la Salud activara la alarma global al declarar pandemia a la Covid-19, pero a la Casa Blanca volvió a importarle un comino. Las barbas del vecino chino ardían, pero poner las del 'gigante de las siete leguas' en remojo no era la prioridad. Y tan caro esto le costó al gobierno de Trump, que en lo que va de año y, siempre en su empecinamiento de protagonizar todo, se alza con la corona de contagios en el planeta.

Su llegada a la presidencia de Estados Unidos en 2016 ha motivado una cadena de ataques verbales, guerras innecesarias, hegemonismo e intransigencia política que en pleno 2020 no tienen interés de acabar. Para nada sorprende que este "lumbrera" justifique su incompetencia y respuesta organizativa ante la Covid-19 con calumnias xenofóbicas a China, sanciones contra Siria, Irán, Venezuela, fortalezca el bloqueo a Cuba, la acuse de potenciar el narcotráfico, ataque a sus médicos y para colmo suspenda el financiamiento a la organización mundial protagonista en la batalla contra la mencionada enfermedad. No le faltó el apoyo de su más leal súbdito, el brasileño Jair Bolsonaro, cuyas estrategias también han llevado su país a una crisis sanitaria sin precedentes y a la repulsión del pueblo al que juró proteger.

El marcado parasitarismo del modo de producción capitalista toca fondo cuando vemos a un Donald Trump empecinado en hallar una vacuna contra la Covid ¿para poder salvar la humanidad? No. Para explotar la industria farmacéutica y llenarse de billetes. Ya lo decía José Martí: "El dinero es anónimo: no hay rastro en él de las lágrimas que ha hecho derramar ni de la sangre que ha costado". Mientras los gobiernos laboran sin cesar por la salvaguarda de los demás, la casa del Tío Sam persigue otros objetivos. Si ya de por sí la pobreza, el hambre y el desempleo, entre otros, son males que aquejan a un mundo desigualmente distribuido, el ocaso de la Covid-19 no avizora un mejor panorama para estas desafortunadas capas sociales.

Resultó irónico ver como los mayores enemigos económicos de Estados Unidos, Rusia y China olvidaron sus diferencias con la república norteamericana y le enviaron ayuda humanitaria para combatir la propagación de la pandemia que Trump, con el orgullo herido, tuvo que aceptar. Un valioso gesto que en buen cubano llamamos "galleta sin manos" y que demostró el humanismo de estas naciones en tiempos como este. De igual forma, la pequeña isla, por este cruel gobierno bloqueada, extiende sus lazos de colaboración con el mundo en busca de poner fin a esta peligrosa enfermedad.

Y a pesar de la situación, disímiles son las fake news que proliferan las redes sociales e Internet sobre tratamientos milagrosos, falsas vacunaciones de doctores disfrazados y hasta 'challenges' de ponerse en contacto con superficies que por su uso frecuente podrían contener al virus. Pues sí. Mientras muchos galenos no descansan por regalar salud, otros inescrupulosos tanto de medios de comunicación como del llamado 'periodismo ciudadano' emplean las plataformas digitales con fines terroristas o por el simple hecho de ganar fama, reconocimiento y 'likes'. Hasta se siente como si la naturaleza atravesara una etapa de mantenimiento. Mientras la Covid-19 se expande, la sequía y el calentamiento global originan incendios, la primavera es un verano ardiente, los volcanes erupcionan simultáneamente...

Definitivamente no son tiempos de individualismo e indiferencia. Son tiempos de demostrar (aunque ya bien sabido es) que el capitalismo no es lenitivo para la humanidad. Son tiempos de curar el egoísmo con muestras de solidaridad e internacionalismo, de saludos virtuales, estudios en casa, entretenerse y disfrutar siempre con la compañia de la familia. Ya volverán los besos, los abrazos, las caricias, las fiestas, los conciertos, los eventos deportivos. Ya dejará el nasobuco de ser el último grito de la moda. Ya volveremos a encontrarnos con aquellos que tanto queremos y por la cuarentena alejados. Son tiempos de evadir la realidad sin abandonarla del todo. Son tiempos de aplausos a las 9 por todos aquellos que velan por nuestra salud, bienestar y entretenimiento, de estar unidos para confrontar el ahora y el después, de crecernos como los amigos, los hermanos y los seres humanos que somos. (Por: Yadiel Barbón Salgado, estudiante de Periodismo)

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Yadiel Barbón Salgado

Estudiante de Periodismo. Universidad de Matanzas, Cuba.

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