Una pelotari con estirpe

Tres medallas de bronce en los Campeonatos Mundiales de Francia-2010, México-2014 y España-2018, demuestran por qué la yumrina Yasmari de la Caridad Medina está considerada entre las más estelares pelotaris cubanas de todos los tiempos, debido a su estabilidad y resultados.

Quizás alguien pudiera prestarle poco interés a estos resultados al considerar pudo ser mejor el balance pues desde hace muchas décadas –en 1901 se construyó el frontón Palacio de los Gritos y Jai Alai, hoy Ponce Carrasco, de La Habana– se practica en Cuba, generalmente por personas de clase media y alta, pues es un deporte exigente en recursos financieros.

Pero es a partir de la fundación del INDER –23 febrero de 1961– que comienza a ejercitarse por la población. Comenzó de cero cuando ya México, España y Francia, entre otras naciones, constituían potencias y ejercían total dominio universal.

Superioridad que no han quebrado el resto de los países practicantes. Sin embargo, varios atletas antillanos ‘cargaron con fuerza la pelota’ para incluirse en el selecto grupo de vencedores, como Yasmari en frontenis mexicano, o Waltari Agustí, quien se proclamó titular mundial en pelota a mano.

Resultados que se corresponden con las palabras de Xavier Cazaubón, presidente de la Federación Internacional de pelota Vasca, al expresar que los cubanos alcanzarían medallas y trofeos porque aprenden rápido y juegan con voluntad y calidad.  

“Como ocurre en cualquier otro deporte, no se llega rápido a ubicarse entre los mejores, mucho menos al podio. Desde el comienzo, con 11 años de edad, y sexto grado en la escuela primaria República de costa Rica, aprendí que solo consagrándome lograría escalar.

“Y así fue en el área especial con el profesor José Luis, y en los restantes eslabones hasta llegar al equipo nacional. Recuerdo que en la cancha del preuniversitario José Luis Dubrocq –ahora en pésimo estado– quería jugar, y no me dejaba. Decía: primero prepararse, aprender. Así estuve tres o cuatro meses, hasta que al fin tomé el implemento en la mano”.

En la adolescencia, con 16 primaveras, ingresó a la selección grande, avalada por sus resultados, hasta ahora. Junto a la pinareña Lisandra Lima conquistó los terceros puestos en las citadas justas del orbe, pero en los Panamericanos de Lima-2019 su compañera de batalla fue Daniela Darriba, camagüeyana.

Pregunto acerca del frontenis mexicano casi como doctrina en el país, y ella alegó que “salvo Cienfuegos y La Habana, en el resto de las provincias las cachas solo miden 20 metros, cuando lo usual en competencias oficiales internacionales es que sean de 30, y esto obliga, cuando ingresas al equipo de lujo, a readaptarte, además de estar influenciada por esta modalidad, en detrimento de las restantes 15 de la pelota vasca”.

Debutante internacional en el torneo Val de Peña, España, en el 2007, un año después de ingresar al equipo nacional, dijo que se requiere modernizar las canchas ocales como la del Complejo Deportivo Comandante Raúl Díaz Argüelles, en la Capital. Esto permitirá mejorar la pelota vasca cubana, con pocas perspectivas en cuanto a talentos “de los que carecemos, pues no estamos en un buen momento. En matanzas, por ejemplo, ganamos 10 años consecutivos el título femenino, y todo se perdió, hay que buscar el relevo, que no veo por ningún lado”.

Ganadoras de otros importantes certámenes, como el Torneo de Pelota Vasca Open de Panamá en la modalidad de Frontenis 20 metros, el que junto a La Darriba revalidaron este año el título. 

El coronavirus también causó estragos entre los pelotaris, por lo que “hago planchas, abdominales y cuclillas, entre otros ejercicios físicos, para mantener la forma, a espera de reincorporarme a la preparación para la Copa del Mundo, España-2021.

Extraño los entrenamientos, pero me siento bien al estar junto a la familia. Entre otros, mis padres Margarita y Gilberto, además de la abuela Mercedes, mi fan más encantadora”.

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